El principio del desconcierto. El cine de Mar Coll

Por Dailo Barco Machado.

Exterior. Día. Estamos en el andén de una estación. Llega un tren sin que sepamos su procedencia. Tampoco sabemos si es de ida o de vuelta. Léa, la protagonista de Tres días con la familia (2009), que ocupa un asiento en uno de los vagones, tampoco lo sabe. Llama a su padre. No contesta. Acude a su encuentro. Los gestos entre ellos hablan mejor que las palabras que intercambian. Se invita al espectador a que esté atento a los detalles que hacen que la vida adquiera múltiples sentidos. Así comienza la ópera prima de Mar Coll.

LA-ULTIMA-POLAROID-MAR-COLL

Con dos largometrajes y un corto, la directora catalana deja bien claro que el cine es un instrumento de acercamiento a lo que le interesa: la familia de clase media, disfuncional como todas, modelo de muchas. Con la complicidad de su amiga y coguionista Valentina Viso, traslada lo biográfico a la ficción, tras ser filtrado por el cine mantiene la presencia de lo vivido en carne propia. Podemos observar esto desde su corto La última polaroid (2006), donde Coll narra la última noche juntas de unas amigas adolescentes. Entre ambas han conformado en el cine un cuerpo nuevo con fragmentos de su experiencia. La premisa es no cambiar nada para que todo sea diferente.

tres-dias-con-la-familia_500“La cámara es como un microscopio que puede ver lo infinitamente pequeño o un telescopio que percibe lo infinitamente distante”, dijo Godard en alguna ocasión. La única diferencia de la cámara de cine es que nos permite ver aquellas cosas que están en nuestra escala, pero que sin la posterior proyección pasan inadvertidas a nuestros ojos. El cine de Mar Coll trabaja con esa tentativa que sostiene que lo importante radica en los detalles, lo que existe entre miradas, entre palabras. Sugiriendo la situación interior de los personajes, evitando la evidencia. El baile de máscaras deja de ser divertido si se mira con detenimiento.

Foto02-Nora Navas (GENI)

Así somos, nos vestimos con las apariencias para ocultar el tejido sensible de la experiencia humana. Una decepción de la vida adulta, que Léa vislumbra en su familia tras pasar tres días con ella y que Geni comprueba en Todos queremos lo mejor para ella (2013). La protagonista del segundo largometraje de Mar Coll es una mujer que tras un fuerte trauma ha perdido su pasado. No sabe si quiere retomarlo o huir hacia adelante. La fragilidad de la mirada perdida de Geni nos trasmite que la vida modelo no existe, que solo es una puesta en escena. En las bambalinas, tras el escenario compartido de la vida cotidiana, todos balbuceamos como ella y nadie sabe qué es lo mejor para nadie.

Como Léa en Tres días con la familia, Geni no sabe si toma el camino de ida o de vuelta. Parece que en el cine de Mar Coll todo vuelve, todo se marcha. La realidad que muestra es que nos quedamos sentados mirando la salida de emergencia y esperamos la próxima parada.

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