Hacia el interior. El cine de Miguel Ángel Toledo

 Por Manuel Díaz Noda

¿Qué tienen cineastas como Robert Wiene (El gabinete del doctor Caligari), Tod Browning (La parada de los monstruos), Stanley Kubrick (El resplandor), Terry Guilliam (Brazil), David Lynch (Carretera perdida), David Cronenberg (Inseparables), Darren Aronofski (Pi) para que sus películas nos resulten tan perturbadoras? No es únicamente lo truculento de sus historias, sus imágenes subyugantes o lo grotesco de su puesta en escena. Es principalmente el hecho de que estos cineastas, en películas como las que hemos apuntado, se atreven a romper un pacto implícito, establecido con el espectador, según el cual la película debe ajustarse a unos parámetros estipulados (físicos, temporales, narrativos) en favor de la verosimilitud y la mejor comprensión de la historia. Estos cineastas prefieren arrancar al espectador de este espacio de confort y situarlo en esa tierra de nadie que es el mundo interior del protagonista. A partir de ese momento, las reglas del juego se corrompen y se subvierten de acuerdo a la psicología (por regla general, perturbada) del héroe.

Fotograma del cortometraje ‘Miserere Nobis’.

Con los dos títulos que podremos disfrutar el martes 27 en el 3er Encuentro con el Cine, Miserere Nobis y La senda, Miguel Ángel Toledo se une a este perverso cónclave de demiurgos. Miserere Nobis nos presenta a una protagonista con enfermedad terminal, cuya consciencia está ya en el limbo entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Por su parte, La senda comienza de manera misteriosa con el protagonista descalzo arrastrando una silla por la nieve para a continuación aparecer corriendo por el bosque, mientras él mismo se observa desde un coche en la carretera. Con estos elementos, el director ya nos avisa de que hemos abandonado el terreno de lo corpóreo y que nos adentramos en el reino de la metafísica.

Fotograma de ‘La senda’.

Al igual que algunos de sus predecesores, Toledo abraza las formas del cine de género para componer trabajos de cuidada estética y con una precisa puesta en escena heredera de las claves del thriller y el terror psicológico. No se dejen engañar. Estos recursos formales forman parte de un discurso que requiere del espectador que extraiga las claves espirituales de la historia que se nos narra. Tanto en Miserere Nobis como en La senda existe una trama concreta y definida, sin embargo, quedarnos en este nivel supone ignorar la verdadera finalidad de ambos trabajos y su auténtico interés cinematográfico.

Desconfíen de lo físico, interroguen las imágenes que capturan sus ojos, acepten lo anómalo y brinden por el delirio. La verdad no está ahí fuera, sino en el interior.

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