“Yo hago siempre historias de amor, lo que pasa es que a la gente le dan miedo”

El canario Miguel Ángel Toledo fue el protagonista de la tercera sesión de Encuentros con el cine

El nombre de Miguel Ángel Toledo siempre estuvo ahí (o casi). Cortometrajes propios, compañero de aventuras de otros cineastas como Juan Carlos Fresnadillo o Javier F. Caldas, intentos de regulación del sector, batallas de poder aireadas en los medios… Pero para la mayoría no existes si no tienes un largo (y eso, si funciona). El primero de Toledo llegó en 2012 y se tituló La senda. Pasó desapercibido en la cartelera española, como ocurre con la gran mayoría de las películas nacionales, pero consiguió estrenarse en más de 20 países. Encuentros con el cine lo recuperó el pasado 27 de mayo y ofreció la oportunidad, además, de comentarlo con su director. La sesión se completó con el cortometraje Miserere Nobis.

El crítico de cine Manuel Díaz Noda moderó el coloquio. En su introducción al diálogo quiso destacar algunos elementos de la película  relacionados siempre con la creación de una historia subjetiva, desde la mente perturbada del protagonista. Miguel Ángel Toledo comenzó su intervención con un categórico “Esto es como ir al psicólogo porque acabo de entender mi película”, que provocó la sonrisa en la platea. “Yo tengo la percepción de que el gran misterio de la realidad es la percepción en sí, qué es la realidad -prosiguió-. En todas las historias que trabajo siempre está esta reflexión sobre lo real como un fenómeno totalmente subjetivo. Es una especie de leitmotiv constante en mis películas, pero de una manera relativamente inconsciente”.

Y es que La senda es, entre otras muchas cosas, una reflexión sobre esas ‘diferentes realidades’, pero en forma de thriller psicológico,  un cine de género que, sin embargo, como subraya el crítico, no empaña el hecho de que sea un discurso personal y una película tremendamente arriesgada. “Siempre es un discurso personal. – confirma Toledo-. Yo en eso sigo la máxima de Juan Carlos Fresnadillo que dice ‘El género es un corsé que realza la figura’. Tienes una historia y a la hora de conseguir que alguien te la compre, tienes que encajarla, porque el mercado es así. Pero es un fenómeno a posteriori: empiezo a trabajar una idea y va evolucionando y tomando forma y luego, en la fase final, hay que intentar definirla. Yo suelo decir que yo hago siempre historias de amor, lo que pasa es que a la gente le dan miedo. Yo no hago cine de género, no me lo planteo así”. Eso del ‘cine personal’ no significa, como remarca Toledo, que sea un ‘cine difícil’: “Esto no quiere decir que defienda un tipo de ‘cine interior’ que solo entienda yo, ni mucho menos. Eso es una masturbación ridícula. A mí lo que me interesa es que vea la película el máximo número de personas posible. De hecho, en esta, mi única alegría es que se ha visto en Corea, en México, en Francia, en Alemania… He conseguido comunicar a gente que no conozco de nada. Eso me parece como un milagro. Eso es lo que me gusta del proceso, la comunicación. El arte no es lo que hace el artista. El arte es lo que hace el espectador. Ahí es donde se completa el proceso. Si no, no hay nada, es como un gatillazo”.

¿Mi única alegría? En efecto, una de las claves del coloquio fue la visión negativa, a veces radicalmente, con la que el cineasta hablaba de su debut en el largometraje. Como dijo el crítico, Manuel Díaz, “él es más crítico con ella que yo”. “Yo estoy muy feliz de la película, como aprendizaje –señalaba Toledo-. Primero por la oportunidad de hacerla, que hacer una película en este país es como si te toca la lotería. Yo diría que casi más difícil… Haber tenido esta oportunidad después de tantos años de luchar por ello, además en un momento en donde tenía la madurez adecuada para hacerlo, para mí eso ha sido un premio de la vida. Pero ahora bien, yo no estoy contento con la película como tal y que yo diga esto es una obra impecable y la firmo en cada una de sus secuencias. De lo que sí estoy muy contento es de que lo que yo veía que iba a funcionar, funciona. Y lo que sabía que era una mierda, la gente se ha dado cuenta y me lo dice. Y me encanta que me lo digan porque me confirma. Y yo lo que buscaba con esta película era la confirmación y el criterio, que es lo más importante que se puede tener en esta profesión. Porque para imponerte a un productor solo puedes hacerlo con una arrogancia absoluta, es lo que te permite convencerlo de que tu sueño merece la pena, de que arriesgue su dinero”.

Toledo es tan crítico con la película, con algunas escenas, con su guion, que en un momento parece necesitar explicar por qué la hizo: “Lo presento a las subvenciones, no me las dan, pasan cinco años y me dicen que tengo que producirlo porque me acaban de dar la subvención para la película. Cuando yo ya no quiero hacerla. Tengo dos opciones: o la hago o devuelvo la subvención. Llamé a Juan Carlos -Fresnadillo, amigo y coguionista de La senda- y me dice ‘No puedes devolver la subvención. Llevas 20 años pidiendo una oportunidad y ahora que te la dan, dices que la devuelves porque ya no crees en tu proyecto, vas a hacer el ridículo. Es posible que hagas el ridículo haciendo la película. Pero es que vas a hacer seguro el ridículo no haciéndola. Yo te recomiendo que la hagas porque, por lo menos, vas a aprender’. Y le hice caso. Y me alegro de haberle hecho caso porque he aprendido lo que no está escrito. Me lo tomé más como un ‘Aunque no estoy completamente convencido de la historia, voy a arriesgar porque me lo puedo permitir’. Era una película que estaba ya pagada, fuera como fuera en taquilla, y podía hacerlo. Como me decía la actriz, ‘Esta es tu película cero, haz lo que te dé la gana’”.

Sin pelos en la lengua

Muchos otros temas salen en la conversación entre el público y Miguel Ángel Toledo. Al cineasta le gusta hablar y lo hace sin pelos en la lengua. Su defensa del cine como industria es evidente. Algunas de sus sentencias podrían levantar ampollas entre muchos: “El cine es una montaña rusa que toca la fibra del subconsciente y de las emociones más primarias. No es extactamente el vehículo más adecuado para la reflexión intelectual”. Otras, no menos polémicas, son inevitables que salgan en la conversación. Es el caso de las ayudas públicas al cine en España, en general y en Canarias en particular. “El cine canario y el cine nacional no tienen ningún sentido, tal cual está ahora mismo la industria. El cine es global, por lo menos a nivel industrial. Yo defendería que se apoye aquí a los jóvenes para que puedan hacer su primer corto o que pueden hacer obritas que les den a concocer fuera, que puedan acumular un currículo que les permita presentarse ante gente. O que se apoye el desarrollo de proyectos, que te puedan dar el dinero para que puedas ir a Madrid a ver productoras o a Nueva York o a hacer casting, el ‘dinero semilla’ para que puedas tirar para adelante… Pero invertir en producción y más con un concepto nacionalista de ‘cine canario’ o de ‘cine español’, realmente se quedó en los 70 con aquella euforia de los cines nacionales. O se lo vendes a Francia, Alemania… o ni de coña levantas un proyecto com perspectiva profesional”.

Desde el público se comentan durante todo el coloquio aspectos de la película, algunos buenos, otros no tanto. Toledo contesta siempre con el mismo discurso, algo así como ‘El espectador siempre tiene la razón’: “El día que consiga que lo que tú me cuentes sea exactamente lo mismo que lo que yo quería contar ese día diré ‘Ya lo conseguí’. Cuando vea que la película que está en tu mente es la película que yo tenía en mi mente, el canal será perfecto. Mientras no sea así el canal tiene imperfecciones y hay que ir corrigiéndolas”. Tendrá oportunidad de seguir puliendo el canal en su segundo largometraje, que parece que va para adelante. “He conseguido financiación en México y en EEUU. Vamos a intentarlo, a ver si se puede hacer, pero así enseñando guion, con mucha caradura”, comenta. En el proceso está. A nosotros nos tocará esperar. Ojalá que no tanto como hemos esperado por este debut.

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