“Mi único miedo es a no ser fiel a lo que quiero expresar”

Amaury Santana cerró Encuentros con el cine hasta septiembre.

17 de julio. Encuentros con el cine despidió la temporada con una sesión muy especial. No hubo un largo como otras veces sino dos mediometrajes y un corto. Juntos crearon una lectura diferente sobre el cine del director invitado, el grancanario Amaury Santana. El público viajó, obra tras obra, a través de un paisaje lleno de emociones y reflexiones hasta el coloquio final, que moderó el crítico Alejandro Krawietz. Fue una noche muy especial, una buena despedida hasta septiembre. Y atentos, porque se avecina un otoño muy interesante…

La noche comienza con la proyección de Luces, un corto casi abstracto formado por siete planos fijos centrados en un punto de luz. Le sigue Diarios, la indagación en sí mismo de un cineasta que está decidido a serlo, con todas sus consecuencias. Y cierra la proyección un documental ‘más tradicional’, Vidas sobre ruedas, sobre el día a día de dos camioneros que trabajan en viajes internacionales y las familias que esperan sus regresos. “Cada obra tiene una autonomía en sí misma, pero ha ido creándose una conexión entre ellas que hacía que juntas pudieran ofrecer una lectura nueva. Como si la película estuviese en el conjunto”, justificaba Amaury Santana al hablar del orden de proyección de las obras. “Las historias que tratamos de contar no son tantas, incluso sería hasta un único tema, tan inabarcable que la única forma de llegar a él es acercarse por diferentes caras”. Esas múltiples caras tiene su punto culminante de momento, como el propio Amaury reconoció, en Entre silencios, un “fin de ciclo”, un largo que se estrenaba en Tenerife dos días después. Pero esa es otra historia. Volvamos al Guimerá.

En su introducción previa a la proyección, en el texto que reflexiona sobre el cine de Amaury Santana en el blog de la actividad y en las primeras intervenciones del coloquio, el crítico Alejandro Krawietz quiso poner el acento en el sentido observacional de estas películas. “No es una cuestión éstética o estilística, -responde el cineasta- ni siquiera en Luces, cuando no sabía lo que estaba haciendo. Tenía que ser así. ¿Referentes? Yo no llego al cine por ser una persona cinéfila. He visto cine evidentemente y he disfrutado con él, pero no tengo esas historias de ser pequeño y saltarme clases o dejar de hacer otras cosas por ir al cine. Llego a esto por una necesidad de poder plasmar en imagen lo que siento. Las tres obras son obras muy dispares porque surgen de tres estados personales muy distintos y los sentimientos de esos periodos se traducen en una determinada estética”.

Krawietz alaba ese gusto por la observación que no tiene miedo a irse por las ramas o que, más bien, crea una obra a partir de los fragmentos de vida que captura en sus paseos por las ramas. Para Amaury la enseñanza determinante vino haciendo Vidas sobre ruedas. “Son dos historias, dos personajes rodados en dos momentos distintos. En el primer rodaje, con el (camionero) español, tenía auténtico pánico de que si no me contaba a cámara suficiente información para construir una narrativa, perdería la película. Y empecé a preguntarle mucho para intentar sacarle toda la información posible. Al final, es como un lago, en el que por empeñarte en extraer lo que está en el fondo metes la mano y destruyes cualquier imagen que haya en la superficie. Sin embargo, si no intervienes y dejas que las aguas calmas vuelvan a formar las imágenes que hay alrededor, de repente tienes la naturaleza misma de las cosas… Y fue lo que sucedió con el segundo rodaje, con el portugués. La enseñanza fue esa: hay que dejar que las cosas sean como son y mi posición como cámara es observar e ir recogiendo lo que me pueda interesar. Mientras menos intervención había mejor iban las cosas. Fue necesario hacer todo el documental para descubrir cómo había que realizarlo”.

Narrar en el montaje

Que la cámara de Amaury intente no intervenir en la realidad, no quiere decir que no exista a posteriori una intención narrativa, especialmente en la mesa de edición. “Yo no desecho la narrativa. Efectivamente hay un trabajo de ordenación. Creo una estructura y eso crea efectivamente un sentido”, comenta. “Con Diarios es más extremo. Tenía una serie de planos fijos sueltos en donde la narrativa había que crearla a partir de la voz. Si el orden fuera otro la historia podria ser otra. Lo complicado era encontrar el equilibrio entre la palabra y la imagen. Yo no digo que lo haya encontrado, pero sí que al principoio había mucha más narración en off y me di cuenta de que eso anulaba el sentido de la imagen. El reto era encontrar la información justa que consiguiera dar una esturtcura narrativa, pero que no anulase el valor de las imágenes”.

diarios2

“Lo de filmarme en primera persona hablando fue algo que ni siquiera me planteé. Puede parecer una chorrada después de hacer una propuesta así en primera persona pero me daba mucho pudor”, responde Amaury cuando le preguntan por qué desechó hablar directamente a cámara, como en un diario. “No fue todo a posteriori tampoco. Lo que iba sintiendo lo iba traduciendo en planos que iba buscando alrededor de la casa. No sabía por qué, pero los grababa. Y eso me generaba una reflexión que apuntaba. El texto casi se escribía solo. Lo que sí fue a posteriori fue la grabación de la voz”.

Tener en cuenta al público

Si hay algo que caracteriza al cine de Amaury es su sinceridad y, en algunos casos, desnudez. Pero también que exige al espectador una implicación que para muchos es excesiva. “Vengo de una formación donde se me ha recalcado mucho la necesidad de tener en cuenta un público. Y yo estoy muy contento de no haberlo tenido en cuenta. Efectivamente comunicas y eso implica a la otra persona, pero en el momento creativo jamás me influye en lo que hago. Es tanta la necesidad de vincular lo que estás sintiendo con lo que estás haciendo que lo demás queda en un plano muy secundario. Cuando encaro un proyecto, mi único miedo es a no ser fiel a lo que quiero expresar, que se me quede algo en el tintero o que no lo exprese como yo siento o como pretendo en ese momento. Eso para mí es fundamental y pretendo mantenerlo. Si luego genera una comunicación, que ha sucedido así y hasta el hecho de poder estar hablando hoy aquí lo demuestra, pues tanto mejor. Pero eso viene a posteriori, como resultado de algo en lo que uno ha creído profundamente”. Lo que unos criticarían tildándolo de ejercicio onanista, Amaury parece defenderlo como honestidad creativa.

Luces como manifiesto

Si Vidas sobre ruedas le enseñó la riqueza de observar, Luces fue casi un manifiesto. “Es el primero con el que empiezo a intentar componer algo. Es un primer impulso que sale de esa forma tan visceral, tan de la intuición. Para la formación que tenía hasta ese momento esto era un delito. Fue una forma de rebelión interna y también de buscar una especie de voz propia. Qué es lo que yo siento que tengo que contar”.

Luces

“Al final se trataba de reducirlo todo a la mínima expresión, -continúa-. Ver qué es lo que no se puede dejar de escuchar y no se puede dejar de ver. En aquel primer momento podía ser un manifiesto: ‘Yo encaro la creación desde aquí, desde la reducción completa de cualquier elemento exterior que no sea algo’. Estéticamente corresponde a la búsqueda personal que tenía en ese momento, qué era lo que yo sentía y qué podía contar. Eso se ha ido amplificando con las otras obras. Vidas sobre ruedas ya incluye el tema familiar. Diarios ya incluye la búsqueda personal… Pero la base parte de ahí. Es un corto al que siempre vuelvo como una brújula que te guía en el camino. Le tengo mucho cariño”.

Qué hay debajo de la piel

Para terminar, una espectadora parafraseando una línea de Diarios le pregunta a Amaury si ya ha descubierto qué tiene bajo la piel. “Espero no tener nunca una respuesta completa para esa pregunta porque si no dejaría de hacer lo que hago”, responde. “El único sentido de encarar un nuevo proyecto es justamente poderte acercar un poco más, poder profundizar un poco más, ordenar un poco más este puzzle que intentas armar. Entre silencios, por ejemplo, es un paso muy de gigante en esa búsqueda. Cogiendo las palabras de Botero, él decía que cada obra era como un fracaso y el no poder decirlo todo es lo que te impulsa a acometer un nuevo proyecto. Que no haya una respuesta definitiva es lo que da un sentido a tu vida”.

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