“LO IMPORTANTE PARA HACER CINE ES VIVIR”

Fernando Franco cerró Encuentros con el cine con el estreno en Tenerife de La herida.

13 de noviembre. Encuentros con el cine se dispone a cerrar con broche de oro: el estreno en Tenerife de La herida. Su director, el debutante Fernando Franco, nos acompaña. El crítico y teórico del cine, Jorge Gorostiza, es el encargado de presentarlo y de moderar el coloquio posterior. La sala tiene un gran aspecto, una de las mejores entradas del ciclo. Hay ganas. Termina la película y apenas hay deserciones. Todos queremos dialogar sobre lo que hemos visto.

Ana trabaja ayudando a los demás. Pero su vida personal es un desastre. Es incapaz de relacionarse, a veces se vuelve agresiva, no puede controlar sus emociones. Ana padece un Trastorno Límite de la Personalidad. Pero ella no lo sabe… Algo así vendría a ser la sinopsis de La herida que podemos leer en cualquier lado, pese a que revela uno de los secretos con los que juega el metraje -Franco nunca desvela, por ejemplo, qué enfermedad es la que padece el personaje protagonista-. “En principio la idea surge como un documental. Durante bastante tiempo estuve en contacto con gente que padece Trastorno Límite de la Personalidad, con psicólogos… Y de repente, hubo un momento en que pensé que hacer el documental de la forma en que quería hacerlo podía obligarme a traspasar ciertas líneas éticas que no quería pasar”, comenta Fernando cuando habla de cómo surgió el proyecto y cómo se transformó en una película de ficción. “Tenía muchísimo testimonio de gente que padece el trastorno, de psicólogos que me habían contado cosas, había visto incluso terapias de grupo. Pedí permiso a personas para incorporar elementos al personaje de Ana y me lo dieron. El personaje está construido en base a mi relación con estas personas, más lo que me contaban los psicólogos, más bibliografía, más muchos foros de Internet, porque vi que había una cantidad ingente de foros que hablaban del tema y que la gente se desnudaba mucho ahí. Y por eso la presencia también de Internet en la peli”.

Fue así como Fernando Franco, que tras 10 años había empezado a hacerse un hueco en la industria española como montador de películas, se lanzaba a su primer largometraje como director. Pero, por qué su interés por el tema. “Yo soy bastante prosaico, poco dado a la metáfora. Me llamaron para una exposición colectiva y me propusieron hacer una pieza sobre el tema del límite. Justo en la época en que estaba pensando sobre eso leí algo sobre el Trastorno Límite de la Personalidad y me interesó. Y empecé a leer más y a tirar del hilo y cada vez me iba interesando más. Fue digamos por un azar muy literal. Además, cuando empecé a leer testimonios me di cuenta de que era bastante más frecuente de lo que yo me pensaba y que probablemente tuviese gente cerca que lo padeciese. Y sin embargo era medio subterráneo, invisible. Yo creo que el cine cumple una función en la construcción del imaginario colectivo. O sea el imaginario colectivo depende de nuestro día a día, pero también de las películas que vemos, y creo que hacer una película implica también una responsabilidad en ese sentido, me parecía que llevar eso a la pantalla tenía sentido. Es decir, coger algo que te circunda, pero que no lo conoces muy bien e intentar hacerlo de una manera rigurosa y en base a una investigación más o menos exhaustiva”.

La película es una ópera prima distinta. No sólo desde el punto de vista crítico, desde la madurez que destila o desde el reconocimiento que ha logrado, sino por decisiones como la de rodar en cine. “Está rodada en 16 mm, es cine cine, con negativo, no es digital. Aparte de que me gusta más la imagen fotoquímica lo elegí porque es más caro. Y no teníamos mucho dinero. De hecho, yo sacrifiqué mi sueldo para poder rodar en fotoquímico. Puede parecer una frivolidad, pero el que sea más caro hace que todo el mundo esté diez veces más concentrado. Es como las cámaras analógicas y digitales. Cuando tenías un carrete de doce fotos te pensabas mucho las doce que hacías. Ahora con el móvil la gente tira 50 seguidas y se queda tan ancho. El fotoquímico pone a todo el mundo en una situación de concentración y responsabilidad muy grande y se nota mucho”.

El crítico, Jorge Gorostiza, habla de referentes cinematográficos en el cine europeo, en las películas de los Hermanos Dardenne… Efectivamente, Fernando Franco es cinéfilo y no lo esconde. Aún así no cree que sea imprescindible ver cine para hacer cine. “Lo importante para hacer cine es vivir, el componente vida, no necesariamente tienes que partir también de un bagaje cinéfilo. En mi caso, he visto mucho cine y eso evidentemente me ha influido mucho. Pero también conozco a mucha gente que no ha visto tanto cine incluso que no ve prácticamente cine y que hacen películas muy buenas. Un director que me gusta, que es Lisandro Alonso, cuando hace su primera película, es un tipo que prácticamente ve películas de Bruce Lee y poco más… Y de repente hace La libertad”.

El público también le pregunta por cómo debe interpretar algunos elementos de la historia. Con su respuesta, Fernando confirma el tipo de cine que le interesa. “Las cosas que la peli no cuenta tampoco me gusta contarlas demasiado porque son cosas que hemos trabajado nosotros para construir los personajes, pero que hemos decido dejarlas por debajo, como si enseñásemos la puntita del iceberg y todo lo demás se quedase por abajo. En cualquier caso, hay cosas de los personajes que yo ni siquiera sé”. Y prosigue: “Nosotros trabajamos sobre lo que en guión se llama el background de los personajes, el por qué este personaje está en este punto en concreto a nivel emocional o lo que sea, pero también una de las claves de construcción de la peli es no contar todo. Está hecho para que los actores trabajen pero no está demasiado contado, también para que la gente trabaje, el público. Que cada cual desde su posición de espectador lo valore y que no sea una cosa unívoca”.

Ser Ana

Pero si hay una figura, además de la dirección de Fernando Franco, que brilla en la película es la actriz Marian Álvarez, completa protagonista. Ella está en todas las secuencias, componiendo un personaje duro, difícil y dotándolo de una naturalidad abrumadora, que pasa por muchos estados y registros. “Creo que Marian es un actriz bastante superdotada, con una capacidad prodigiosa para contar veinte mil cosas con un movimiento leve de ojo. Me parece que es un animal cinematográfico y que realmente ha soportado una carga brutal”, reconoce Fernando. “Como hemos hecho tantos coloquios juntos sé que diría que justamente las secuencias que parecen más difíciles, como las secuencias de llorar, son las que menos le costaban. Sin embargo las más difíciles eran las secuencias más intimistas y más pausadas. ¿Por qué? Marian es una actriz muy emocional y muy visceral y una de las claves del personaje que yo le pauté era que tenía una especie de incapacidad para expresar la emoción y el sentimiento. Había momentos en los que Marian, persona, ella en la piel de ese personaje, se rompería, pero yo no se lo permitía. Hartarse de llorar, sin embargo, le resultaba lo más fácil porque estaba deseando hacerlo todo el rato”, comenta el cineasta sevillano.

Concha de Plata en San Sebastián, el Goya, nominada a los Premios del Cine Europeo junto a estrellas como Charlotte Gainsbourg o Marion Cotillard… No sólo es un trabajo maravilloso, sino que además ha sido reconocido internacionalmente. El secreto, además del talento actoral, parece que estuvo en el ensayo y en la documentación. “Todo ese proceso de documentación que hice para el documental se lo trasladé a Marian y hablamos muchísimo. Ensayamos muchísimo. La media de ensayos de una peli española viene a ser de dos semanas y ni siquiera se ensaya toda la película, sino las cuatro o cinco secuencias complicadas. Nosotros ensayamos dos meses todos los días y la peli entera varias veces. Hay un trabajo importante de Marian. Ha llegado a interiorizar tanto el personaje y a entenderlo tan bien, que realmente hay aportaciones de guión que son de Marian. Íbamos a hacer una secuencia en ensayo y decía ‘Es que como Ana, esto no lo veo’. Los ensayos eran muy abiertos: sentir que los eventos que sucedían realmente encajaban bien con el retrato del personaje”.

Se habló de mucho más, pero la prudencia de no destripar demasiado la película pensando en los que aún no la han visto -a qué esperan-, nos hace obviar la referencia a ello. Lo que sí diremos es que fue, como se preveía, un broche perfecto para el ciclo. Encuentros con el cine llegó a su fin. Ocho noches repartidas a lo largo del año en las que el santacrucero Teatro Guimerá se ha llenado de cine. No sólo se han visto películas, buenas películas, independientes, no estrenadas en Tenerife o que no tuvieron demasiada suerte en su distribución. Han sido ocho noches especiales porque hemos podido comentarlas con sus creadores en ocho coloquios abiertos que, además, han contado con ocho maestros de ceremonia de lujo. Han sido ocho lecciones, parafraseando el título de esta crónica, de cine y de vida.

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