“El cine de hoy en día está muy en la mente, está necesitado de emociones”

El cubano canario Haliam Pérez abrió el bloque de noviembre de Encuentros con el cine 2015

Noviembre era el mes para el regreso de Encuentros con el cine y para el final de su edición de 2015. La cita doble comenzaba el día 10 con la proyección del largometraje documental Marina, dirigido por el cineasta cubano canario Haliam Pérez, y que sólo unos días antes había conquistado el premio al mejor documental canario en MiradasDoc, el Festival Internacional de Cine Documental de Guía de Isora. Pudo verse también en el Teatro Guimerá un cortometraje anterior, Nouvinguts/Recién llegados, repleto de sentido -retrato del aula de acogida para alumnos inmigrantes de un colegio catalán- en el momento político nacional e internacional en el que llevamos inmersos las últimas semanas. El crítico Manuel Díaz Noda condujo la sesión.

Tanto Marina como Nouvinguts comparten un tema como telón de fondo, la migración, pero si en el cortometraje es el elemento central, en el largometraje es más bien el escenario para desarrollar un acercamiento descarnado a una familia, la del director, y a través de ella a todo un país, Cuba, con sus utopías, sus decepciones y sus contradicciones. Haliam Pérez también fue emigrante. Tenía 15 años cuando se trasladó a España desde la isla caribeña. Dejaba atrás a una abuela, Marina, y unos tíos, Arturo, Jacinto y Odalys, protagonistas, especialmente los dos primeros, del filme. En nuestro país se licenció en Bellas Artes y estudió documental en Barcelona. Pero, ¿por qué documental?  “El documental tiene un valor irrenunciable que es el valor de la verdad, que no lo tiene la ficción. Es un poder muy grande. Cuando logramos extraer de personas que no son actores, que en muchas ocasiones ni siquiera han estado delante de una cámara, una información, un pasaje de su vida, se logra trasladar al espectador a esa misma posición. El documental te ofrece una mirada muy poderosa sobre otro humano y te vincula a él de una manera distinta a la relación que establecemos cuando vemos ficción”.

En la ciudad catalana encontró también a los compañeros de viaje necesarios para dedicarse al cine, el Colectivo Rucs: “Parece un chiste, pero va un catalán, un argentino y un cubano, se juntan y empiezan a hacer documentales. Nos conocimos en el marco del máster de realización documental de Pompeu Fabra. Cada uno íbamos con un proyecto individual a desarrollar, nos conocimos y decidimos probarnos como equipo a ver si valía la pena que nos juntáramos y si éramos capaces de sacar piezas adelante”.

Una de las primeras piezas que hicieron fue precisamente Nouvinguts.  La idea le vino a Haliam mucho tiempo atrás. Haciendo las prácticas del Curso de Adaptación Pedagógica en uno de los colegios barceloneses con más inmigración. “Me parecía interesante ver qué ocurre cuando uno llega a un país del que no conoce nada y encima tiene que aprender otra lengua. Es ver de nuevo el mundo”. Finalmente, trasladó la idea a un colegio de Badalona que se mostró más receptivo al proyecto. “Comenzamos yendo una vez a la semana, poníamos la cámara, sin decir ni marcar ninguna pauta, como un alumno más. Después de varias sesiones, empecé a ver qué cosas me parecían interesantes, qué herramientas de las propias prácticas de la profesora podían interesarnos para construir un poquito más la historia”.

Pero si el cortometraje ya nos muestra una forma de acercarse al documental basada en el respeto y en la huida del didactismo, con el largometraje sorprende su apuesta más descarnada, que no esconde las partes oscuras de una familia que no deja de ser la suya propia, pero que siempre mantiene en primera línea las cuestiones éticas del propio proceso de creación. “Hay siempre que pensar que los directores somos muy malas personas porque abusamos de los otros para contar nuestras fascinaciones (risas). Eso es indiscutible, tanto en la ficción como en el documental. Lo que, de alguna manera, nos exculpa es que no lo hacemos, en general, con mala voluntad, lo hacemos porque queremos contar algo a los otros y queremos comunicarnos con el resto del mundo”, reconoce sincero. “Yo era consciente de que lo que iba a relatar eran situaciones familiares que normalmente estamos habituados a esconder. No existe ninguna familia que no tenga enormes debilidades y enormes fracturas. Pero precisamente eso era lo que a mí me daba suficiente confianza para saber que si lo abordaba con el respeto necesario convertía esta historia en una historia universal“.

Hablar de política

Pero hay más niveles de lectura en el documental. La familia de Haliam puede incluso funcionar como la herramienta idónea para hablar del pasado y presente de Cuba, para abordar el aspecto político que lo envuelve todo. “Cualquier plano que uno grabe en Cuba va a estar connotado de política. -afirma- Es indisociable. No hace falta construir un argumento político detrás de una secuencia o una película cubana porque todo el mundo conoce de manera más o menos puntual o con más o menos detalle lo que ha sido Cuba”, comenta Pérez. “Uno puede irse más al terreno del discurso político, cosa que a mí no me interesaba, aunque la película tenga un componente político indiscutible. Me interesaban más las personas, los ciclos de vida”.

La política volverá a surgir inevitablemente en el coloquio cuando un espectador cubano critique una escena en la que Jacinto muestra con orgullo las medallas obtenidas por su lucha revolucionaria. Haliam lo tiene claro: “No podemos obviar los que estamos fuera y no estamos de acuerdo del todo o nada en absoluto con el régimen cubano, que hay gente que sí lo está y que hay gente que incluso estando en desacuerdo con lo que ha pasado, con cómo ha evolucionado el país y con las circunstancias que tenemos hoy en día, todavía mantiene, como es el caso de mi tío Jacinto, una cierta satisfacción de haber luchado por ciertas causas que eran nobles. Yo siempre digo que una cosa es la evolución que ha tenido Cuba y quien se ha encargado de gestionar el poder y otra cosa es que las causas por las que se lucharon en su momento no fueran legítimas”, le contesta.  “Para mí lo importante era que se viera la dualidad del personaje, el personaje está quebrado porque su hija está fuera del país, pero sin embargo está orgulloso de sus medallas”, concluye.

Construyendo Marina

Al ver el resultado, uno también se pregunta por el proceso: Cómo conseguir que unas personas que no estaban habituadas a las cámaras, se comporten de forma tan abierta, de una manera que el espectador intuye dolorosamente sincera. En el proceso tienen que intervenir necesariamente el tiempo, la alerta continua y la paciencia. Haliam nos relata una anécdota que es buen reflejo de la metodología de trabajo seguida. El equipo mínimo formado por el propio Haliam en cámara y Ruben Margalló, otro de los miembros del Colectivo Rucs, en el sonido, se completó para las secuencias más complicadas con un segundo sonidista. Recuerda Haliam que enseguida el nuevo sonidista parecía incómodo. “Lo que ocurrió fue que él venía de Barcelona con un ritmo de trabajo muy acelerado, con una dinámica de entrevista y pensaba que nosotros no estábamos trabajando, estaba muy cabreado porque se sentía que estaba perdiendo el tiempo”. Pero Pérez sigue defendiendo que la metodología que siguieron fue imprescindible para que ocurrieran cosas: “Básicamente nuestro trabajo consistía en estar el día entero en la casa con la familia, con el material preparado para ponernos a rodar en cualquier momento. Teníamos previsión de secuencias que sabía que se podían producir e íbamos a la espera. No era una provocación continua. Lo que hacíamos era no forzar la familia al ritmo nuestro, sino nosotros adaptarnos a su ritmo“.

La decisión más difícil

Si el vivido con el sonidista de apoyo es recordado por Haliam como el momento más crítico del rodaje, la secuencia más dura es la que refleja la crisis que vive Jacinto y que el cineasta decide contar fuera de campo, sólo con el registro sonoro de la situación. “Era algo que esperaba y que por suerte se cumplió. Yo estaba previendo que ese momento de derrumbe de mi tío llegaría en algún momento, porque ocurría cíclicamente. Lo complicado era la decisión de ir a grabarle o no”, recuerda Haliam. “Inicialmente iba pensando que igual no era necesario, pero algo en el fondo me decía que sí lo era, que lo que había que ver era qué grabamos y cómo lo mostramos, porque una cosa es que tengamos la confianza de la persona que estamos tratando y otra es que abusemos de ella. Era muy importante acertar con la manera“. Finalmente, el cineasta fue a la casa donde Jacinto llevaba encerrado unos días, le pidió permiso para grabar y lo hizo: “Tengo el material grabado del interior de la habitación, pero era evidente que no se podía mostrar”, recuerda emocionado el cineasta. “Es de las secuencias que continuamente cuando las repienso de nuevo me quiebra porque fue una situación realmente dura. Salí a llorar como un niño, estuve abrazado de Rubén que me estuvo dando un poco de apoyo, pero sigo estando super orgulloso de esa secuencia porque se cuenta realmente y de una manera bastante bonita esa relación de admiración y de respeto que yo tengo hacia mi tío y a la vez el punto tan quebrado que tenía él. Creo que el fuera de campo fue muy acertado”.

Huir de los estereotipos 

“Me acuerdo que en las conversaciones iniciales con los compañeros del máster y con las amistades en las que iba imaginando el proyecto decía ‘No pienso sacar un coche antiguo, una mulata, la botella de ron era inevitable, y el Malecón'”, recuerda Haliam cuando una espectadora alaba la Cuba alejada de los tópicos, llena “de silencio y vacío”, del filme. “Cuba es mucho más compleja y amplia. Inicialmente siempre jugaba diciendo ‘Voy a meter a la familia en la casa y de la casa no van a salir’. Ni siquiera quería grabar un plano de exterior, iban a estar insertados en la casa todo el tiempo. Luego claro, apareció la escena de abuela haciendo la gimnasia y era para morirse de la risa y teniendo en cuenta que es una película emocionalmente fuerte, aportar un poco de humor, que también forma parte de nuestra cultura, era necesario”. En la escena en cuestión, Marina hace gimnasia con un grupo de señoras de avanzada edad. Pero ella parece ir a contracorriente, todas van a un ritmo y ella al suyo propio: “Ese elemento mostraba también su carácter, ella vive su vida de la manera que quiere y no como otros le dicen”, subraya Haliam. Y es que Marina acaba siendo el personaje central y que da título a la película, pero de una forma muy sutil, callada, sin estridencias. “Es cierto que los personajes más carismáticos o que más te atrapan por el discurso que tienen y por lo que ocurre con ellos, son Jacinto y Arturo, pero hay quien me ha dicho y con lo cual estoy completamente de acuerdo y orgulloso que es una película feminista. Y yo creo que sí”, comenta Haliam al hablar del personaje de Marina como centro. “Las mujeres, que aparentemente no hacen nada, son las que realmente le están dando soporte a esa familia. El valor materno, el valor de la acogida es un valor absoluto en la película y por eso terminó llamándose Marina“.

“Una película sobre el amor”

El crítico y moderador del coloquio, Manuel Díaz Noda, decide concluir la conversación poniendo el acento en el sustento emocional del documental, “una película sobre el amor”. “Creo que últimamente estamos muy cínicos”, responde Haliam. “Una de las cosas que me mostró esta película es darme cuenta de que el cine contemporáneo, el cine que hacemos hoy en día, está necesitado de emociones. Estamos muy distanciados últimamente con propuestas cinematográficas que están muy en la mente, son muy cerebrales, son muy conceptuales, pero que están muy distanciadas del estómago, de la emoción y eso también ha provocado un distanciamiento entre el gran público con las películas que se hace hoy en día en el cine contemporáneo más de autor. Y yo creo que no deberíamos tener vergüenza de sentir emociones. Creo que estamos fallando en eso continuamente. No tenemos por qué sentirnos cursis si hablamos del amor. Por qué. Si es un valor universal, si es un valor super necesario. La cuestión es cómo lo tratamos”.

Tan positivo descubrimiento parece profundo y esencial para su carrera a partir de ahora: “Mi próxima película quiero que hable sobre el amor y la esperanza y a ser posible en Cuba. Creo que es un país que estoy cansado de ver discursos negativos, esta película es triste pero no considero que sea negativa, creo que es una película que ensalza los valores humanos y la dignidad de las personas. Ahora es un momento interesante para hablar del amor y de la esperanza en Cuba”.

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