“Queríamos tomarnos en serio a unos personajes en situaciones chorras”

El madrileño Julián Génisson estuvo presente en el estreno en Canarias de Esa sensación, película codirigida junto a Juan Cavestany y Pablo Hernando. Fue una noche divertida, con un ingenioso invitado que respondió a las preguntas del moderador Joaquín Ayala y de algún espectador tras la proyección de una película diferente, de apariencia ligera, pero que deja poso, en la que las tres historias se entremezclan convirtiéndose en una sola. Fue el broche de oro de la primera cita doble de Encuentros con el cine en 2016.

Una mujer se relaciona de forma apasionada con objetos públicos. Un virus obliga a las personas a decir cosas que no quieren. Un hijo espía a su padre y descubre un sorprendente secreto. Tres historias marcianas firmadas por Juan Cavestany (Gente en sitios, Dispongo de barcos), Julián Génisson (La tumba de Bruce Lee) y Pablo Hernando (Berserker) forman Esa sensación, una de las películas independientes españolas que más está dando que hablar en los últimos meses. “A Pablo -Hernando- le conocía porque él me fue a ver haciendo unos monólogos y me cogió de actor para un corto. Cuando vi cómo hacía el corto, me quedé diciendo ‘Yo también quiero hacer películas’. Lo cogí de cámara para La tumba de Bruce Lee, la anterior película que hicimos. A Juan -Cavestany- lo conocimos en un rodaje de Carlos Vermut, en el que hacíamos de figurantes y descubrimos que Juan había hecho películas maravillosas como Dispongo de barcos o El señor. Nosotros lo utilizamos a él de actor. Él nos utilizó de actores. Luego hicimos una obra de teatro juntos. Y al final se va creando una especie de ligoteo, de ‘Venga, deja ya de calentarme y vamos al catre'”. Es la forma en la que Julián recuerda como surgió la unión entre los tres que acabaría derivando en Esa sensación. “Juan es el que tuvo la idea de hacer una película juntos. Inicialmente solo estaba esto de ‘¿Me lo estoy pasando bien?’. Surgió en una obra de teatro en la que yo hacía de cura. Nunca había hecho teatro y me sentía muy incómodo. Y Juan decía estas cosas de director de ‘Disfruta haciendo esto’. Yo una vez le pregunté si me lo estaba pasando bien; en serio, no sabía si me lo estaba pasando bien, y él dijo ‘Hay que hacer algo con esto’. Estuvimos dándole vueltas hasta que un día dijo ‘Yo voy a hacer esto, tú y Pablo haced lo que queráis’, explica.

Así surge una película colectiva, pero en la que no se pierde la autoría de cada director: “Fue una cosa colaborativa desde el principio. Yo le hacía de pertiguista a Juan. Él nos llevaba en coche a sitios. Pablo cogía la cámara en mi parte, porque me había roto una mano. Yo salí en la parte de Juan. Nos dábamos ideas, pero al final cada cual hizo lo que quería sin consultar a los demás, pero sabiendo lo que estábamos haciendo todos porque estábamos presentes en los rodajes”.  ¿Cómo se consigue entonces esa sensación de unidad que transmite la película? “Supongo que si quisimos trabajar juntos es porque teníamos un sentido del humor e inquietudes afines. Una cosa que siempre decimos los tres es que nos sentimos muy incompetentes en el día a día, en cosas como vivir. Parece que ves en la tele a la gente que está muy fluida, muy bronceada y como que van por los sitios y saben lo que hay que hacer y tú te sientes como un pringado”, contesta. “En ningún momento nos dijimos esta película va a ir de este tema o hay un hilo conductor o vamos a mezclar personajes para que haya como una unidad ficticia. Cada cual tenía una idea o una imagen que quería desarrollar y luego fueron surgiendo sobre la marcha correspondencias. Sobre la marcha descubrimos que estábamos hablando de lo mismo desde diferentes puntos de vista”.

Otro cine español, otra forma de ver el humor, comedia experimental, surrealismo… Esa sensación escapa a las etiquetas y aunque tiene mucho más que humor, está claro que es el humor el elemento central. Al menos, un cierto tipo de humor: “No tenemos ningún discurso sobre el humor y supongo que deberíamos”, reconoce Julián. “No pretendemos hacer una sátira. En la parte del virus que te hace decir cosas que no quieres decir, no pretendemos hablar de las relaciones en general, de la incomunicación. Lo de la fe tampoco tiene que ver con reírse de los curas o de la gente que se convierte. Creo que lo que nos interesa a los tres es buscar una forma de compasión amistosa con gente que está en situaciones que no son especialmente cómicas. Es simplemente intentar acercarse a cosas que la mayoría no entendemos. Igual si llegas con una sonrisa te dejan entrar en el club y te dejan bailar un poco”. Que teoricen otros.

Ese tomarse en serio a personajes inmersos en situaciones ridículas, lleva al otro elemento central de la película, lo que Joaquín Ayala en su magnífico texto sobre el filme califica de “vindicación de lo cotidiano”. “Qué pasa si en vez de reírte de ellos intentas ver cómo viven. Y apostamos por enseñar cosas muy cotidianas. Lo normal en el cine es hablar de cosas insólitas. Y realmente hay cosas que tenemos tan a mano y que son tan chulas… Por ejemplo el tema de la fe. No soy creyente pero quizás por eso. La mayoría de la población es creyente y a mi me parece muy extraño, es muy exótico cuando no crees alguien que cree. Y alguien que cree ve a alguien que no cree como alguien que está loco también. Es buscar estos choques tan brutales de mentalidad en lo más normal. En la parte esta de la chica te parece muy raro que alguien se folle un puente, pero luego cuando ves este flashback de las fotos y hay un rockero que tiene el peine, te das cuenta de que todos somos muy fetichistas. Al final las personas a las que quieres son más una combinación de artículos que te ponen por separado, unidos en una persona que les da una especie de unidad espiritual”.

Esa sensación o, por lo menos sus directores, van también en contra de algunos tópicos críticos, como aquello de que ‘la ciudad es un personaje más’. Julián responde: “La ciudad está pero tampoco se puede decir que si sacas una ciudad en una película estés hablando de la ciudad. Si el personaje es calvo no estás hablando de la calvicie y la mayoría de la gente vive en ciudades, es lo normal”. Pero sí que hay un papel esecial, especialmente en el fragmento que protagoniza Lorena Iglesias, de ciertos elementos urbanos. “Ahí sí que hubo un trabajo de localización muy serio para encontrar las partes sexys de la ciudad, partes que no fueran las que normalmente ves de Madrid en una película. Quisimos enseñar una ciudad atípica precisamente para que pareciera que no estamos hablando de Madrid o de la ciudad en general. Estas localizaciones muchas son sitios por los que pasamos en nuestra vida normal”.

Viendo la película se nos viene a la cabeza otro elemento que de tanto mal uso puede sonar también a tópico: surrealismo. “Hay una tendencia cuando eres director a decir que lo que tú haces no entra en ninguna categoría. Pues precisamente para evitar eso, yo estoy dispuesto a entrar en cualquier categoría. El surrealismo está muy bien. Prefiero que me metan en eso que en el neorrealismo, porque no sabría qué hacer con eso”, contesta irónico Julián. “No hemos dicho ‘Vamos a hacer algo surrealista’, pero sí que es cierto que utilizamos mucho los sueños. En Canódromo abandonado muchos de los vídeos parten de ideas que se nos ocurrían en sueños. En esta película, el germen de mi fragmento fue un sueño que tuve en el que alguien estaba a punto de ahogarse y eso le cambiaba la vida”, reconoce. “Es una especie de modestia: ‘Mis ideas me parecen una mierda, pero si las sueño parece como si fueran de otro y las puedo utilizar’. O simplemente que nos gustan nuestros sueños. Supongo que hay también algo de cadáver exquisito en esta película porque intentamos, sabiendo qué iba a hacer el otro pero sin saberlo del todo, que hubiera una obra de la que pudiéramos responsabilizarnos. Hemos utilizado técnicas surrealistas supongo. Aunque no es ningún programa, me gusta estar asociado a esto”, sentencia.

Humor, cotidianidad, huir de los tópicos… ¿Y el título? ¿A qué sensación se refiere Esa sensación? “El título, Esa sensación, tiene que ver con estas cosas que no sabemos definir y les damos una importancia por el hecho de no saber definirlas. La belleza… No te sé explicar… Qué es el arte… No sé, tienes que verlo… Y qué pasa si todo esto son cosas concretas y te las puedo enseñar y están aquí. Qué es el amor. No tengo ni puta idea, es algo que está en mi cabeza y no lo puedo poner en palabras. No, pero el amor es esta roca. Y si no te convence esta roca es esta escalera, es este puente. Y si las cosas te decepcionan, es una proyección sobre la piel. Creo que todas las historias tienden a un intento de dejémonos de coñas, no existe la fe, no existe el amor, la amistad, son cosas concretas”, comenta Julián. Hay un curioso juego entre lo matérico, el tactilismo, y la abstracción. “Lo que queríamos era ver qué hay detrás de esas situaciones ridículas, cómo la tía consigue sacar sensaciones de frotar una piedra de una rotonda horrible. Cómo se construye el deseo o la fe a partir de cosas muy concretas, fuera de discursos generales. Y realmente el sentido más instintivo, más total, el que más información transmite es el tacto”, dice Julián “No nos lo planteamos, pero sí está creo que tiene que ver con esta cosa de acercarnos, de no juzgar a los personajes sino estar pegados a ellos y ver cómo se relacionan con las cosas”.

Temas, no géneros

“Hemos tendido a vender esto como una comedia. Luego la gente no se rió tanto y dijimos que era un drama. Pero por qué me he reído entonces. Es fantástico. Ya…”, comenta divertido Julián. “Quisimos realmente desarrollar unas historias que nos hacían ilusión, unas imágenes que teníamos en la cabeza y que queríamos llevar hasta el final y no nos planteamos si no estaban haciendo gracia o si nos estaban dando pena. El género ya sabremos lo que es cuando nos pregunten de qué género es en un festival. Seguimos sin saberlo. Creo que existe el género de comedia dramática así que es el género oficial”, responde antes de recordar que algo que sí tuvieron muy en cuenta en el montaje fue alternar bloques “más tristones” con momentos “más cómodos”. “Si hubo una oscilación entre géneros no fue porque no nos gusten, sino porque queríamos hablar de cosas que no son necesariamente de un solo género. El amor es comedia, pero también es terror, es fantástico, porque es todo imaginario… Es más una película de temas que de géneros”.

Antes de Esa sensación

Para muchos, Julián Génisson será un auténtico desconocido. Para algunos de los espectadores de la sesión de Encuentro con el cine, un descubrimiento. Pero lleva años dando guerra en Madrid con su humor, sus monólogos, sus proyectos colectivos y también como actor. “Empecé como monologuista y no me funcionó. En Madrid no había un lugar donde pudieras hacer monólogos que no fueran estos de El club de la comedia… Luego me metí en el cine y sí que es cierto que lo primero que hice fue actuar, pero no me veo como actor. Sé que tengo un registro limitadísimo. Lo que me interesa realmente es dirigir, escribir y montar, que es lo que más me gusta”, confiesa.

Hace cinco años formó un grupo de creación de nombre Canódromo abandonado. “Lorena Iglesias, esta actriz -protagonista del primer fragmento de Esa sensación-, también está en este colectivo que tenemos. El tercer chico que lo compone es Aaron Rux, que es el que ha hecho la banda sonora de la película. Y los tres empezamos a hacer vídeos hace cinco años y hacíamos actuaciones en directo mezclando monólogos y música”, cuenta Julián. “Hace tres años hicimos una película que se llama La tumba de Bruce Lee porque Aaron es de cerca de Seattle y yo, desde siempre, he estado obsesionado con Bruce Lee y sabía que estaba enterrado ahí . Había localizaciones gratis porque la familia tenía una casa, tenían un gallinero, había una caravana que se podía utilizar… Teníamos localizaciones increíbles, teníamos mi obsesión con Bruce Lee y éramos medio actores todos. Conseguimos 6.000 euros para pagar cuatro billetes, nosotros tres más Pablo Hernando, que nos hizo de cámara, y realmente fue nuestra escuela de cine. Estamos muy agradecidos a quienes nos dieron dinero, porque nos permitió conocer a gente que luego nos pidió que saliéramos en cosas o que colaboró con nosotros. Estoy aquí hoy gracias a eso”.

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