“Como cineasta me parece un reto apasionante filmar situaciones lo más cotidianas posibles”

Víctor Moreno estrenó en su isla (y tres años después) el mediometraje La piedra

La segunda sesión de Encuentros con el cine en septiembre nos brindó la oportunidad de escuchar a uno de los cineastas canarios de mayor proyección nacional. El santacrucero Víctor Moreno, afincado en Madrid, participó en el Teatro Guimerá en un coloquio moderado por el historiador del arte y gestor cultural Emilio Ramal Soriano y que tuvo como punto de partida el estreno en la isla del mediometraje La piedra. La proyección también se completó con los cortometrajes El extraño, Feriantes y Ave feliz (inédito también en Tenerife)

Víctor Moreno tiene una trayectoria nacional importante en el mundo del cortometraje y desde el éxito de Edificio España, también en el del largometraje documental. Para muchos, sin embargo, su nombre les sonará de su nominación al Goya y del interés que entonces mostraron los medios por él. “Que consiguiéramos que la película saliera nominada fue un logro para un tipo de cine que tiene muy poco espacio en los Goya”, recordará hacia el final del coloquio. Pero Emilio Ramal, el moderador, quiso comenzar el diálogo empezando por el principio, trazando un retrato rápido de la trayectoria de Víctor Moreno en el mundo del cine. Fue una decisión acertada porque, aunque el cineasta santacrucero jugaba en casa (al menos, natal), pocos en la ciudad han podido ver su cine en pantalla grande, mucho más presente, por ejemplo, en la isla vecina y conectado al Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. Fue así como remontándose a sus orígenes, el propio Moreno se presentó: “Siempre he sido bastante cinéfilo, sobre todo por mi abuelo que me inculcó bastante la pasión por ver películas. Ya en el instituto empecé a hacer los primeros cortos. Eran cosas para divertirnos, muy tarantinianas, de la época, de los 90, afortunadamente hoy enterradas”, recuerda Víctor, pareciera que con algo de rubor, ante algunas de las personas importantes de aquella época, hoy espectadores de su noche. “Cuando me trasladé a Madrid yo no quería estudiar cine, quería estudiar una carrera antes. Me matriculé en Filosofía y en una escuela de cine también y terminé bastante descontento de lo que me enseñaban. Estamos hablando de principios del 2000 donde lo digital empezaba a irrumpir en el proceso de creación cinematográfico y yo me veía en una escuela que todavía me estaba enseñando todo el aparataje industrial del cine, con equipos de producción, jefes… Sentía que rodar era más cumplir un plan de rodaje que una experiencia creativa y recuerdo que fue uno de los periodos más frustrantes con respecto al cine que he tenido en mi vida”, reconoce. “Empecé a intuir algo en un documental en el que trabajé de ayudante de dirección, convencional, pero hecho muy artesanalmente, tres personas. Ahí sí que sentí que esto de perderte en sitios, ir a casas de gente, conocer, filmarles, me interesaba. En Barcelona empiezo a descubrir que hay un tipo de cine así, una tendencia que desgraciadamente en España está bastante oculta y vuelvo a activarme como cineasta”.

Como cineasta que ya ha encontrado al menos el camino por el que descubrir lo que le interesa, Víctor Moreno se hace un nombre despuntando en certámenes de microcortos con títulos como Fajas y corsés o Fauna humana. Después, llegará la bomba: El extraño, protagonista de una de las polémicas más recordadas del cine canario de este siglo entorno al blog El escobillón del periodista Eduardo García Rojas. “Estábamos rodando Holidays -el que sería su primer largometraje-, que una parte de la película es con un pastor y de pronto era sorprendente cómo cada vez que grabábamos las cabras nos miraban. Decidimos poner la cámara en frente de las cabras a ver qué sucedía”, recuerda y describe de forma más detallada cómo fue una puesta en escena a partir de esa idea casual. “Después lo vi y me interesó bastante, pero tenía mis reticencias. Mi madre y mi tío Fernando me convencieron”, confiesa. Lo presenta a concurso en el Notodofilmfest, donde ya había cosechado premios con trabajos anteriores y gana el máximo galardón. Las críticas empiezan a recrudecerse en la propia web del certamen. Cuando el tema llega a El escobillón él, reconoce, ya está de vuelta de todo. “Ese tipo de reacciones no me molesta -defiende-. El corto pretende interpelar de una manera muy directa al espectador: convertir la pantalla en un escaparate y que en el fondo seamos nosotros quienes estemos expuestos ante la imagen. Yo fui muy consciente de la importancia del corto cuando lo emitieron en la TV. De pronto, en medio de la vorágine de imágenes de la publicidad, esa tensión que se genera con un plano fijo y de repente te miran, te interpelan como espectador. La dimensión que provoca en ese espectador hipnotizado activándole, es la esencia de la película. Ya hacia donde canalices esa energía, positivo o negativo, no depende de mí”.

Moldear lo inmoldeable

También del rodaje de Holidays surge el proyecto de La piedra. “En Holidays aparece Bettina Bork, una arquitecta alemana muy entusiasta de Lanzarote, de Haría, que lucha mucho por lo que es la tradición frente al turismo que se intenta imponer. Sufragado todo por ella, consiguió un estand en la ITB para que se rompiera esa imagen de Lanzarote más estereotipada de sol y playa que se vende allí. Y sin preguntarme me mandó un billete de avión diciéndome que tenía que ir y grabarlo. Me llamó mucho la atención que hicieran un evento con Santi -el escultor con el que después haría La piedra– en ese entorno. No tenía mucho sentido. Era más un espectáculo. Dije ‘Este trabajo me interesa verlo en el entorno, y sobre todo ver ese trabajo físico que hay detrás’. Lo que hice cuando llegamos a Lanzarote fue acompañarle a ver cómo trabajaba una piedra y me di cuenta de que lo que me interesaba era ese trabajo físico para moldear esa gran masa hasta cierto punto inmoldeable”, recuerda Víctor. “El planteamiento fue muy sencillo: estar dos mañanas con él. La película surge porque hay una sintonía entre su trabajo y el mío, siempre digo que es mi película mas biográfica porque hay como ese doble trabajo: por su parte, moldear lo inmoldeable, que es la piedra y por mi parte, moldear lo inmoldeable, que es la realidad”.

Según cuenta el director, La piedra surge muy rápido, justo en el momento idóneo, en una época dolorosa provocada por el secuestro de Edificio España. “Yo ruedo mucho y después no sé si lo monto. Tengo muchos discos duros de cosas que he grabado y ni siquiera he visto. Me gusta también que el tiempo pase sobre las imágenes y volver a ellas y que signifiquen otras cosas. Pero en este caso para huir de lo que estábamos sufriendo, me puse a jugar por las noches con lo que había grabado y fue rapidísimo. El montaje lo hice en cinco días. Se lo enseñé a Nayra Sanz Fuentes, que es a la primera que siempre le enseño los trabajos. Y lo envié a Visions du Reel -prestigioso festival suizo de cine documental- y funcionó, lo cogieron. La verdad es que era algo que llevaba tiempo queriendo hacer, ese impulso primero que tienes que no sabes muy bien domar. El montaje es un proceso de racionalización donde tienes que tomar un montón de decisiones, construir la película… Me interesaba quitarme un poco del medio, ser un poco más impulsivo y ver lo que pasaba”, relata.

A Santi, el protagonista, también le gustó. “Le interesó sobre todo porque vio el reflejo de su día a día, de su cotidianidad, que es algo que a mí me interesa. Una vez en un coloquio me criticaron que por qué no lo había ayudado a subir la piedra… En el fondo es su trabajo, está acostumbrado, lo ridículo hubiera sido ayudarle. Es como si él me ayuda a grabar con la cámara. Si se le hubiera caído la piedra en la pierna, pues evidentemente… Era su trabajo. El trabajo es en gran medida lo que nos constituye como personas. En el caso de Santi es más evidente porque es lo que le desarrolla toda su creatividad y me parecía importante ponerlo en valor porque normalmente vemos cosas ya hechas pero nos olvidamos de todo lo que hay detrás”, reflexiona el cineasta tinerfeño.

La realidad como posibilidad

Durante la sesión se estrena en Tenerife también Ave feliz, un cortometraje de ficción que Víctor Moreno realiza en 2015 en el Festivalito de La Palma y con el que consigue el máximo galardón. Es una obra atípica en la trayectoria de su director, una pieza de ficción rodada con ‘no actores’. “Yo siempre he dirigido. Aunque estés solo con la cámara, intentando acercarte a lo real, siempre en cómo te coloques, en cómo mires, en cómo calles cuando te hablan… tienes que dirigir permanentemente, mantener los tempos… Tienes que estar en tensión. En Ave feliz lo que hice fue hacer muy evidente la dirección, pero el dispositivo que usé es el mismo que uso en documental: generar una confianza que yo creo que es lo más importante.

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‘Ave feliz’ (2015)

¿Significa un viraje en el cine que va a hacer a partir de ahora Víctor Moreno? “Ahora me interesa más entender la realidad como una posibilidad. Me interesa mucho acercarme  a ella pensando que puedo llevármela a otro lugar distinto sin traicionar su espíritu. En la nueva película, que produce Jose Alayón, vamos a trabajar eso y además de una manera muy manifiesta. Quiero probarme en otro terreno, vamos a trabajar con equipo, probablemente yo no lleve la cámara… Ya es otra dimensión de producción que ahora, fíjate, relacionándolo con lo que hablamos al principio, aquello que antes me daba mucha pereza, el plan de producción y todo eso, ahora quizás ya, con el entrenamiento de estos años y con cierta experiencia, me siento más capacitado para probarme ahí. Además vas conociendo personas con las que tienes el mismo feeling y me siento más arropado y más cómodo para dar ese paso. Lo cual no implica que siga haciendo películas con mi cámara”.

Actitudes y decisiones

Pero cómo se consigue generar esa confianza, que el protagonista trabaje ante la cámara como si no hubiera nadie detrás. “Si cuando él te habla tú no le hablas ya entiende que no tiene que hablar. A Santi ya le había estado grabando en Berlín unos cuantos días y ya había entendido la dinámica de lo que me interesaba. Antes de empezar a grabar yo le digo qué es lo que me interesa. Y él ya en el proceso de alguna forma también se olvida, se acostumbra a tenerme pegado, no se siente incómodo y eso a mí me tranquiliza. Pero la dirección, en este caso concreto, es más gestual. Yo casi siempre, por ejemplo, miro por el objetivo en lugar de por la pantallita, así él no tiene unos ojos a los que mirar”.

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Hay otro elemento esencial en su cine: la dilatación del tiempo. “En la mayoría de las películas que vemos la cotidianidad se tiende a obviar, están de alguna forma secuestradas por el principio de causalidad, por la narrativa del héroe, porque la historia avance, que no estoy en contra, me parece bien, puede haber muchas posibilidades -comenta-, pero de alguna forma se limita que los gestos cotidianos que entren sean prisioneros de esa narración que tiene que avanzar. A mí me gusta colocarme en una posición muy contraria a esa y ahí juega un papel importante dilatar el tiempo cinematográfico. En La piedra por ejemplo era fundamental. El tiempo que tarda en hacer el café, el tiempo que tarda en bebérselo a la mitad, esos pequeños gestos que van componiendo un mundo y a una persona. Te enseñan que las personas tienen que hablar para expresarse, para saber quiénes somos, pero ese tiempo de espera, esas miradas por ejemplo de Feriantes, también nos están componiendo una personalidad o haciéndonos atisbar algo. Me gusta ese juego que te permite dilatar el tiempo dentro de gestos cotidianos y reconozco que como cineasta me parece un reto apasionante filmar situaciones lo más cotidianas posibles. Me exige mucho como director encontrarle el sentido a esas situaciones de las cuales ni nos percatamos”.

“Lo que me interesaba -en La piedra– era la necesidad que él tiene de hacer eso porque de alguna forma le realiza. Hasta cierto punto yo también puedo llegar a reconocerme en esos momentos. Hay veces que filmo y no pienso si voy a sacar de ahí una película, sino que filmo porque me parece interesante que sea filmado y me permite a mí también desarrollarme como persona, cogiendo una cámara y grabando un momento concreto que me interesa”, reconoce.

‘Microclima’ del cine canario

Un espectador le hace otra de las preguntas inevitables de la noche. Hace unos meses se presentó públicamente Microclima, la Asociación de Cineastas de Canarias, para defender no sólo los intereses de los directores del Archipiélago, sino la consideración del cine como un bien cultural a impulsar y preservar desde las instituciones públicas. Víctor Moreno es el presidente. “Somos cerca de 45 cineastas de Canarias y es un trabajo muy común. Las decisiones se toman siempre por parte de 10-15 miembros, que somos la ejecutiva, de una forma my discutida, muy pensada”, puntualiza. “La idea de la asociación surge de sentir que había un caldo de cultivo muy positivo de cineastas que ya empezaban a tener una trayectoria importante, nacional e internacional, y que sobre todo entendíamos el cine de la misma manera, que el cine es un bien cultural y es necesario para cualquier sociedad y por supuesto en Canarias más todavía porque esta idea ha sido muy intermitente -recuerda-. Decidimos unirnos, construir unos pilares que permitieran implicar a las instituciones públicas en la defensa de este tipo de cine en tanto que habían desaparecido las ayudas que existían hasta el año 2010, no había una política ni un modelo, todo era a base de impulsos… Decidimos convertirnos en interlocutores con el propósito de generar un modelo cultural con respecto al cine en Canarias”.

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¿Resultados? “Está siendo un trabajo enorme que estamos llevando a cabo toda la asociación y a día de hoy debo decir que estamos encontrando respuestas importantes como que parece que el Cabildo -de Tenerife- va a dar un paso importante en sacar ayudas para el audiovisual, que no existían y creemos que es un paso importante. Y estamos a la expectativa con respecto al Gobierno de Canarias, que prometió una cantidad y de momento parece que no surge. Estamos en un momento de expectativa. Pero desde luego tenemos claro que nos hemos unido no para intereses personales, y esto lo digo sinceramente, sino para construir un modelo que perdure en el tiempo, igual que lo tienen en el País Vasco, en Cataluña, en Andalucía están empezando a hacerlo, Galicia, Francia ya ni te cuento, Argentina… Que seamos capaces de construir eso para Canarias porque al final está el caldo de cultivo, están los cineastas, hay eventos como este, está el TEA, muchos más… y corremos el riesgo de que todo eso se pierda. Y lo que decimos mucho en la asociación, que en 20 años, cuando se empiece a plantear qué es el cine de Canarias, como hablen solo de El extraño y la bronca que hubo en El Escobillón y de las producciones de Hollywood que se están rodando ahora mismo, pues tendremos un serio problema”.

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