Todo el mundo es familia

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Por Jonay Armas.

En uno de los primeros compases de esta luminosa, generosa película, Julie entra con urgencia en el baño de una cafetería pero la cámara se queda fuera, observando la puerta del lavabo. Parece un detalle sin importancia pero aquel gesto supone, en realidad, toda una declaración de intenciones.

Alba González de Molina, la cineasta tras la cámara, acompaña a su protagonista, la joven Julie, a lo largo de su aventura pero concediendo el espacio suficiente para que la chica sufra, para que ría o tome decisiones sin establecer juicios antes de tiempo, sin entrometerse, como si la cámara fuera acompañante en el espinoso camino que recorre Julie pero sin llegar a convertirse en su juiciosa sombra. Estar junto al personaje sin exigirle respuestas. Algo así como hacer cine desde el amor.

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La película comparte así una visión del mundo que tiene mucho que ver con aquello que cuenta: en una sociedad corrompida, Julie sale huyendo hacia un lugar perdido, alejado de lo que una vez fue llamado “civilización”. Allí, en una pequeña aldea incomunicada, se inicia una operación de completo redescubrimiento en la que incluso las propias palabras recuperan el significado que habían perdido. De repente el filme ilumina, con esa huida hacia delante de su personaje protagonista, lo lejos que se encuentra la sociedad actual de aquella idea utópica con la que fue construida. La utopía auténtica es permanecer lo más lejos posible de un mundo que ha olvidado, en su caos cotidiano, la importancia de una escala de valores que la sustente.

 

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En su particular huida, Julie encontrará a un pequeño grupo humano que trata de construir esa escala de valores desde un nuevo comienzo. Se trata de un cine de personajes, en el que lo importante es ver cómo la acción de uno transforma al otro. Una sociedad en miniatura donde poder observar cómo nacen los mismos pecados, se cometen los mismos errores, pero también cómo el sentido de comunidad otorga una dimensión diferente a cada individuo. “Todos somos familia”, le dice una niña a su maestra durante una clase. Puede que ese sea el gran mensaje de Julie, el hacernos recordar que todos formamos parte de lo mismo. Y que los pequeños gestos y símbolos que le recuerdan a Julie su capacidad para volver a empezar, repartidos con delicadeza a lo largo de la película, sirvan para recordar que el cine también puede sanarnos.

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Quién es Carles Torras

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Encuentros con el cine se despide de 2016 con el estreno en Canarias de Callback, la película que arrasó en el último Festival de Cine de Málaga. Su creador, Carles Torras, nos acompañará para presentar el filme y dialogar con el público tras la proyección en un coloquio que moderará el crítico tinerfeño Manuel Díaz Noda. Hasta aquí, lo que ya todos sabíamos, pero, ¿quién es Carles Torras?

Nacido en Barcelona en 1974, Torras inicia su carrera en el largometraje en 2005 en con la premiada Joves / Jóvenes, película que codirige y coescribe con Ramon Térmens. Su debut en solitario llegaría cuatro años más tarde con Trash, que participa en la Sección Oficial del Festival de Cine de Málaga y obtiene el Premio Gaudí de la Academia del Cine Catalán a la mejor música original (Santos Martínez) y un total de 13 nominaciones.

2011 se convierte en un año decisivo para su carrera. Carles Torras funda su propia compañía, Zabriskie Films, productora desde la que levantará sus proyectos a partir de entonces. Primero, ese mismo año, OPEN24H, con la que vuelve a competir en la Sección Oficial del Festival de Cine de Málaga, es seleccionada en festivales de prestigio como el de Sitges y obtiene siete nominaciones en los Premios Gaudí de la Academia del Cine Catalán, incluyendo mejor película y director.

En 2016, de nuevo en la Sección Oficial del Festival de Cine de Málaga estrena Callback y arrasa en el palmarés consiguiendo la Biznaga de oro a la mejor película y las de plata al mejor actor y al mejor guion y convirtiéndose en su consolidación definitiva como cineasta y productor independiente. Rodada en Nueva York, en inglés y con el actor Matías Bacigalupo como coguionista, el filme ha conseguido además de los premios en Málaga, el Premio del Jurado en el Brussels Film Festival y estar presente en certámenes como San Sebastián, BFI London o Cinespaña Tolouse.

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El tráiler de ‘Julie’

Una semana queda para el regreso de Encuentros con el cineYa saben que en el menú de noviembre tenemos dos sesiones de lujo y que arrancamos el próximo lunes, día 14, con el estreno en Tenerife de Julie, la ópera prima de la grancanaria Alba González de Molina de la que tanto se está hablando en los últimos meses. Para ir abriendo boca aquí está su tráiler.

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Alba González de Molina, una debutante atípica

julie5Como pasa con tantos cineastas canarios que estudian fuera, la generalidad del sector en las Islas empezó a oír hablar de Alba González de Molina en el Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria de 2015. Allí, consiguió colar un cortometraje muy pequeño que codirigía con la también actriz Marine Discazeaux. Aquel trabajo, realizado para el Notodofimfest, se llamaba Baise moi, por favor

Puede que muchos otros, en cambio, conocieran su nombre precisamente de Julie, un proyecto de largometraje que, por esas fechas, empezaba a buscar financiación a través de crowdfunding, que hablaba de huidas y formas de vida alternativas y se empapaba de la música de Belén Álvarez Doreste (Bel Bee Bee).

Pero Alba ya se había puesto al frente de un rodaje largo mientras seguía estudiando Comunicación Audiovisual en Madrid. Fue en el documental Stop! Rodando el cambio, que codirigía junto a Blanca Ordoñez, y que también financió de forma colectiva. El documental, sobre la búsqueda de formas de vida alternativas más respetuosas con el Planeta, fue la verdadera inspiración para Julie. Con él, llegaron a una ecoaldea  del Bierzo (León) y conocieron en primera persona su forma de vida. Allí, Alba regresaría tres años más tardes para rodar su debut en solitario y su primer largometraje de ficción.

Julie consigue completar con éxito la financiación por crowdfunding y gracias a la implicación de la productora El Gatoverde se hace realidad. La película se rueda ajena no sólo a la industria, sino también a la ‘civilización’, utilizando energía solar en un 80% e integrando a vecinos de la ecoaldea en el reparto. Esta apuesta tan independiente acaba estrenándose en la sección oficial del Festival de Cine de Málaga, quintaesencia tradicional de la industria cinematográfica en España, evidenciando aún más su peculiar naturaleza. De Málaga se trae, además, el premio a la mejor ópera prima y la Biznaga de plata a la Mejor actriz secundaria para Silvia Maya.

Película atípica Julie y trayectoria atípica la de su directora. Aunque ha dirigido alguno (Juventud sin futuro, el propio Baise moi, por favor) no tiene un largo periplo como cortometrajista. Debuta en el largometraje dentro del género documental y codirigiendo. Su ópera prima en la ficción le llega con sólo 28 años y abriendo un camino independiente que muchos podrán ahora explorar… Estamos encantados de tenerla en Encuentros con el cine. Mil gracias, Alba, por estrenar Julie en Tenerife con nosotros y millones de gracias por hacer un hueco entre tanto viaje y festival internacional para participar en nuestro humilde ciclo. La cita: lunes 14 de noviembre, a las 20.30, en el Teatro Guimerá.

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Los moderadores de noviembre

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La última entrega de Encuentros con el cine en 2016 estrena en Tenerife dos películas que destacaron en primavera en el Festival de Cine Español de Málaga y que, si algo tienen en común es, quizás, la búsqueda de la identidad. Para moderar los coloquios con Alba González de Molina (Julie) y Carles Torras (Callback), tendremos el lujo de contar con los críticos Jonay Armas y Manuel Díaz Noda, respectivamente. Gracias a los dos por aceptar la oferta y bienvenidos. ¿Los conocemos brevemente?

Jonay Armas

Es crítico de cine y músico. Máster en Crítica Cinematográfica por la ECAM, escribe habitualmente para la revista Caimán, Cuadernos de Cine. Además, colabora en la revista Magnolia y es creador de La Butaca Azul, web que propone itinerarios y sugerencias a través del cine contemporáneo.

En cuanto a la música, Jonay Armas es titulado en órgano moderno, composición y armonía. Combina su labor como crítico con su trabajo como piano solista y compositor para medios audiovisuales, desde bandas sonoras para el cine hasta el mundo publicitario.

Su participación al frente de la noche dedicada a Julie, de Alba González de Molina, será su estreno en Encuentros con el cine.

Manuel Díaz Noda

Este Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de La Laguna comienza en 2003 su trayectoria en televisión como crítico de cine, contando dos años más tarde con su propio programa: DeCINE (Teidevisión Canal 6). Actualmente presenta el programa Días de Radio en Canarias Radio, ejerce de crítico en el blog Adivinaquienvienealcine.com y colabora en programas de televisión (La Luna de Teidevisión Canal 6), radio (Radio Candelaria, Gente Radio, Canal 4 Radio) y en el magacín digital Elblogoferoz.com.

Desde 2007 forma parte del equipo organizativo del Fimucité, Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife. Ha sido el responsable del área de actividades paralelas y fue uno de los coordinadores, entre 2008 y 2010, de la sección editorial del festival, escribiendo varios capítulos de los libros 2001. La música del futuro, Alien. La sinfonía biomecánica, La conexión Williams-Spielberg y Tócala otra Vez, Oscar. Desde 2013, es el responsable también de Fimucinema, actividad de exhibición cinematográfica con sección a concurso complementaria a los conciertos del festival.

Manuel Díaz Noda ha estado en las tres temporadas de Encuentros con el cine. Antes, condujo las noches dedicadas a La senda, de Miguel Ángel Toledo (mayo de 2014) y Marina, de Haliam Pérez (noviembre de 2015).

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Estrenamos el cartel de noviembre

Los días 14 y 15 de noviembre, en el Teatro Guimerá, tendrán lugar las dos últimas entregas del año de Encuentros con el cine. Veremos dos de las películas independientes españolas que más están dando que hablar en los últimos tiempos: Julie, de la grancanaria Alba González de Molina y Callback, del barcelonés Carles Torras. Este es el cartel que aglutina las dos sesiones. Seguiremos informando.

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“Como cineasta me parece un reto apasionante filmar situaciones lo más cotidianas posibles”

Víctor Moreno estrenó en su isla (y tres años después) el mediometraje La piedra

La segunda sesión de Encuentros con el cine en septiembre nos brindó la oportunidad de escuchar a uno de los cineastas canarios de mayor proyección nacional. El santacrucero Víctor Moreno, afincado en Madrid, participó en el Teatro Guimerá en un coloquio moderado por el historiador del arte y gestor cultural Emilio Ramal Soriano y que tuvo como punto de partida el estreno en la isla del mediometraje La piedra. La proyección también se completó con los cortometrajes El extraño, Feriantes y Ave feliz (inédito también en Tenerife)

Víctor Moreno tiene una trayectoria nacional importante en el mundo del cortometraje y desde el éxito de Edificio España, también en el del largometraje documental. Para muchos, sin embargo, su nombre les sonará de su nominación al Goya y del interés que entonces mostraron los medios por él. “Que consiguiéramos que la película saliera nominada fue un logro para un tipo de cine que tiene muy poco espacio en los Goya”, recordará hacia el final del coloquio. Pero Emilio Ramal, el moderador, quiso comenzar el diálogo empezando por el principio, trazando un retrato rápido de la trayectoria de Víctor Moreno en el mundo del cine. Fue una decisión acertada porque, aunque el cineasta santacrucero jugaba en casa (al menos, natal), pocos en la ciudad han podido ver su cine en pantalla grande, mucho más presente, por ejemplo, en la isla vecina y conectado al Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. Fue así como remontándose a sus orígenes, el propio Moreno se presentó: “Siempre he sido bastante cinéfilo, sobre todo por mi abuelo que me inculcó bastante la pasión por ver películas. Ya en el instituto empecé a hacer los primeros cortos. Eran cosas para divertirnos, muy tarantinianas, de la época, de los 90, afortunadamente hoy enterradas”, recuerda Víctor, pareciera que con algo de rubor, ante algunas de las personas importantes de aquella época, hoy espectadores de su noche. “Cuando me trasladé a Madrid yo no quería estudiar cine, quería estudiar una carrera antes. Me matriculé en Filosofía y en una escuela de cine también y terminé bastante descontento de lo que me enseñaban. Estamos hablando de principios del 2000 donde lo digital empezaba a irrumpir en el proceso de creación cinematográfico y yo me veía en una escuela que todavía me estaba enseñando todo el aparataje industrial del cine, con equipos de producción, jefes… Sentía que rodar era más cumplir un plan de rodaje que una experiencia creativa y recuerdo que fue uno de los periodos más frustrantes con respecto al cine que he tenido en mi vida”, reconoce. “Empecé a intuir algo en un documental en el que trabajé de ayudante de dirección, convencional, pero hecho muy artesanalmente, tres personas. Ahí sí que sentí que esto de perderte en sitios, ir a casas de gente, conocer, filmarles, me interesaba. En Barcelona empiezo a descubrir que hay un tipo de cine así, una tendencia que desgraciadamente en España está bastante oculta y vuelvo a activarme como cineasta”.

Como cineasta que ya ha encontrado al menos el camino por el que descubrir lo que le interesa, Víctor Moreno se hace un nombre despuntando en certámenes de microcortos con títulos como Fajas y corsés o Fauna humana. Después, llegará la bomba: El extraño, protagonista de una de las polémicas más recordadas del cine canario de este siglo entorno al blog El escobillón del periodista Eduardo García Rojas. “Estábamos rodando Holidays -el que sería su primer largometraje-, que una parte de la película es con un pastor y de pronto era sorprendente cómo cada vez que grabábamos las cabras nos miraban. Decidimos poner la cámara en frente de las cabras a ver qué sucedía”, recuerda y describe de forma más detallada cómo fue una puesta en escena a partir de esa idea casual. “Después lo vi y me interesó bastante, pero tenía mis reticencias. Mi madre y mi tío Fernando me convencieron”, confiesa. Lo presenta a concurso en el Notodofilmfest, donde ya había cosechado premios con trabajos anteriores y gana el máximo galardón. Las críticas empiezan a recrudecerse en la propia web del certamen. Cuando el tema llega a El escobillón él, reconoce, ya está de vuelta de todo. “Ese tipo de reacciones no me molesta -defiende-. El corto pretende interpelar de una manera muy directa al espectador: convertir la pantalla en un escaparate y que en el fondo seamos nosotros quienes estemos expuestos ante la imagen. Yo fui muy consciente de la importancia del corto cuando lo emitieron en la TV. De pronto, en medio de la vorágine de imágenes de la publicidad, esa tensión que se genera con un plano fijo y de repente te miran, te interpelan como espectador. La dimensión que provoca en ese espectador hipnotizado activándole, es la esencia de la película. Ya hacia donde canalices esa energía, positivo o negativo, no depende de mí”.

Moldear lo inmoldeable

También del rodaje de Holidays surge el proyecto de La piedra. “En Holidays aparece Bettina Bork, una arquitecta alemana muy entusiasta de Lanzarote, de Haría, que lucha mucho por lo que es la tradición frente al turismo que se intenta imponer. Sufragado todo por ella, consiguió un estand en la ITB para que se rompiera esa imagen de Lanzarote más estereotipada de sol y playa que se vende allí. Y sin preguntarme me mandó un billete de avión diciéndome que tenía que ir y grabarlo. Me llamó mucho la atención que hicieran un evento con Santi -el escultor con el que después haría La piedra– en ese entorno. No tenía mucho sentido. Era más un espectáculo. Dije ‘Este trabajo me interesa verlo en el entorno, y sobre todo ver ese trabajo físico que hay detrás’. Lo que hice cuando llegamos a Lanzarote fue acompañarle a ver cómo trabajaba una piedra y me di cuenta de que lo que me interesaba era ese trabajo físico para moldear esa gran masa hasta cierto punto inmoldeable”, recuerda Víctor. “El planteamiento fue muy sencillo: estar dos mañanas con él. La película surge porque hay una sintonía entre su trabajo y el mío, siempre digo que es mi película mas biográfica porque hay como ese doble trabajo: por su parte, moldear lo inmoldeable, que es la piedra y por mi parte, moldear lo inmoldeable, que es la realidad”.

Según cuenta el director, La piedra surge muy rápido, justo en el momento idóneo, en una época dolorosa provocada por el secuestro de Edificio España. “Yo ruedo mucho y después no sé si lo monto. Tengo muchos discos duros de cosas que he grabado y ni siquiera he visto. Me gusta también que el tiempo pase sobre las imágenes y volver a ellas y que signifiquen otras cosas. Pero en este caso para huir de lo que estábamos sufriendo, me puse a jugar por las noches con lo que había grabado y fue rapidísimo. El montaje lo hice en cinco días. Se lo enseñé a Nayra Sanz Fuentes, que es a la primera que siempre le enseño los trabajos. Y lo envié a Visions du Reel -prestigioso festival suizo de cine documental- y funcionó, lo cogieron. La verdad es que era algo que llevaba tiempo queriendo hacer, ese impulso primero que tienes que no sabes muy bien domar. El montaje es un proceso de racionalización donde tienes que tomar un montón de decisiones, construir la película… Me interesaba quitarme un poco del medio, ser un poco más impulsivo y ver lo que pasaba”, relata.

A Santi, el protagonista, también le gustó. “Le interesó sobre todo porque vio el reflejo de su día a día, de su cotidianidad, que es algo que a mí me interesa. Una vez en un coloquio me criticaron que por qué no lo había ayudado a subir la piedra… En el fondo es su trabajo, está acostumbrado, lo ridículo hubiera sido ayudarle. Es como si él me ayuda a grabar con la cámara. Si se le hubiera caído la piedra en la pierna, pues evidentemente… Era su trabajo. El trabajo es en gran medida lo que nos constituye como personas. En el caso de Santi es más evidente porque es lo que le desarrolla toda su creatividad y me parecía importante ponerlo en valor porque normalmente vemos cosas ya hechas pero nos olvidamos de todo lo que hay detrás”, reflexiona el cineasta tinerfeño.

La realidad como posibilidad

Durante la sesión se estrena en Tenerife también Ave feliz, un cortometraje de ficción que Víctor Moreno realiza en 2015 en el Festivalito de La Palma y con el que consigue el máximo galardón. Es una obra atípica en la trayectoria de su director, una pieza de ficción rodada con ‘no actores’. “Yo siempre he dirigido. Aunque estés solo con la cámara, intentando acercarte a lo real, siempre en cómo te coloques, en cómo mires, en cómo calles cuando te hablan… tienes que dirigir permanentemente, mantener los tempos… Tienes que estar en tensión. En Ave feliz lo que hice fue hacer muy evidente la dirección, pero el dispositivo que usé es el mismo que uso en documental: generar una confianza que yo creo que es lo más importante.

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‘Ave feliz’ (2015)

¿Significa un viraje en el cine que va a hacer a partir de ahora Víctor Moreno? “Ahora me interesa más entender la realidad como una posibilidad. Me interesa mucho acercarme  a ella pensando que puedo llevármela a otro lugar distinto sin traicionar su espíritu. En la nueva película, que produce Jose Alayón, vamos a trabajar eso y además de una manera muy manifiesta. Quiero probarme en otro terreno, vamos a trabajar con equipo, probablemente yo no lleve la cámara… Ya es otra dimensión de producción que ahora, fíjate, relacionándolo con lo que hablamos al principio, aquello que antes me daba mucha pereza, el plan de producción y todo eso, ahora quizás ya, con el entrenamiento de estos años y con cierta experiencia, me siento más capacitado para probarme ahí. Además vas conociendo personas con las que tienes el mismo feeling y me siento más arropado y más cómodo para dar ese paso. Lo cual no implica que siga haciendo películas con mi cámara”.

Actitudes y decisiones

Pero cómo se consigue generar esa confianza, que el protagonista trabaje ante la cámara como si no hubiera nadie detrás. “Si cuando él te habla tú no le hablas ya entiende que no tiene que hablar. A Santi ya le había estado grabando en Berlín unos cuantos días y ya había entendido la dinámica de lo que me interesaba. Antes de empezar a grabar yo le digo qué es lo que me interesa. Y él ya en el proceso de alguna forma también se olvida, se acostumbra a tenerme pegado, no se siente incómodo y eso a mí me tranquiliza. Pero la dirección, en este caso concreto, es más gestual. Yo casi siempre, por ejemplo, miro por el objetivo en lugar de por la pantallita, así él no tiene unos ojos a los que mirar”.

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Hay otro elemento esencial en su cine: la dilatación del tiempo. “En la mayoría de las películas que vemos la cotidianidad se tiende a obviar, están de alguna forma secuestradas por el principio de causalidad, por la narrativa del héroe, porque la historia avance, que no estoy en contra, me parece bien, puede haber muchas posibilidades -comenta-, pero de alguna forma se limita que los gestos cotidianos que entren sean prisioneros de esa narración que tiene que avanzar. A mí me gusta colocarme en una posición muy contraria a esa y ahí juega un papel importante dilatar el tiempo cinematográfico. En La piedra por ejemplo era fundamental. El tiempo que tarda en hacer el café, el tiempo que tarda en bebérselo a la mitad, esos pequeños gestos que van componiendo un mundo y a una persona. Te enseñan que las personas tienen que hablar para expresarse, para saber quiénes somos, pero ese tiempo de espera, esas miradas por ejemplo de Feriantes, también nos están componiendo una personalidad o haciéndonos atisbar algo. Me gusta ese juego que te permite dilatar el tiempo dentro de gestos cotidianos y reconozco que como cineasta me parece un reto apasionante filmar situaciones lo más cotidianas posibles. Me exige mucho como director encontrarle el sentido a esas situaciones de las cuales ni nos percatamos”.

“Lo que me interesaba -en La piedra– era la necesidad que él tiene de hacer eso porque de alguna forma le realiza. Hasta cierto punto yo también puedo llegar a reconocerme en esos momentos. Hay veces que filmo y no pienso si voy a sacar de ahí una película, sino que filmo porque me parece interesante que sea filmado y me permite a mí también desarrollarme como persona, cogiendo una cámara y grabando un momento concreto que me interesa”, reconoce.

‘Microclima’ del cine canario

Un espectador le hace otra de las preguntas inevitables de la noche. Hace unos meses se presentó públicamente Microclima, la Asociación de Cineastas de Canarias, para defender no sólo los intereses de los directores del Archipiélago, sino la consideración del cine como un bien cultural a impulsar y preservar desde las instituciones públicas. Víctor Moreno es el presidente. “Somos cerca de 45 cineastas de Canarias y es un trabajo muy común. Las decisiones se toman siempre por parte de 10-15 miembros, que somos la ejecutiva, de una forma my discutida, muy pensada”, puntualiza. “La idea de la asociación surge de sentir que había un caldo de cultivo muy positivo de cineastas que ya empezaban a tener una trayectoria importante, nacional e internacional, y que sobre todo entendíamos el cine de la misma manera, que el cine es un bien cultural y es necesario para cualquier sociedad y por supuesto en Canarias más todavía porque esta idea ha sido muy intermitente -recuerda-. Decidimos unirnos, construir unos pilares que permitieran implicar a las instituciones públicas en la defensa de este tipo de cine en tanto que habían desaparecido las ayudas que existían hasta el año 2010, no había una política ni un modelo, todo era a base de impulsos… Decidimos convertirnos en interlocutores con el propósito de generar un modelo cultural con respecto al cine en Canarias”.

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¿Resultados? “Está siendo un trabajo enorme que estamos llevando a cabo toda la asociación y a día de hoy debo decir que estamos encontrando respuestas importantes como que parece que el Cabildo -de Tenerife- va a dar un paso importante en sacar ayudas para el audiovisual, que no existían y creemos que es un paso importante. Y estamos a la expectativa con respecto al Gobierno de Canarias, que prometió una cantidad y de momento parece que no surge. Estamos en un momento de expectativa. Pero desde luego tenemos claro que nos hemos unido no para intereses personales, y esto lo digo sinceramente, sino para construir un modelo que perdure en el tiempo, igual que lo tienen en el País Vasco, en Cataluña, en Andalucía están empezando a hacerlo, Galicia, Francia ya ni te cuento, Argentina… Que seamos capaces de construir eso para Canarias porque al final está el caldo de cultivo, están los cineastas, hay eventos como este, está el TEA, muchos más… y corremos el riesgo de que todo eso se pierda. Y lo que decimos mucho en la asociación, que en 20 años, cuando se empiece a plantear qué es el cine de Canarias, como hablen solo de El extraño y la bronca que hubo en El Escobillón y de las producciones de Hollywood que se están rodando ahora mismo, pues tendremos un serio problema”.

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