Juan S Betancor, buscando realidades que retratar

La primera jornada de los Encuentros con el cine en 2017, el 4 de julio, se cerrará con la proyección de The Vanished Dream, dirigido por el grancanario Juan S. Betancort, que participará, además, en un coloquio con los espectadores tras la proyección. Pero, ¿quién es Juan S. Betancor?

Juan S. Betancor nace en Las Palmas de Gran Canaria, en 1973. Estudia en la Tisch School of the Arts, de la Universidad de Nueva York, realizando algunos cortos entre los que destaca The Incredible Story of the Man Who Became a Statue. Ya graduado, dirige en 2006 el largometraje documental Hijos de la Montaña de Plata, sobre las minas de Cerro Rico, en Bolivia.

Desde entonces ha trabajado en la producción y dirección de vídeos institucionales en campañas de ayuda al desarrollo en distintos países del continente africano para las Naciones Unidas, la Comisión Europea y la Agencia Española de Cooperación Internacional. De esa experiencia surge The Vanished Dream, que nos acerca a la historia de un pequeño país del continente vecino, Guinea Bissau, y al fracaso de la utopía que la población europea de izquierdas quiso desarrollar en él.

Actualmente se encuentra en la preproducción de un nuevo largometraje documental que filmará en Mongolia.

Juan S. Betancor con el premio conseguido en LPA Film Festival. Foto: LPA Film Festival

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JC Falcón, un canario en L.A.

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El grancanario JC Falcón será uno de los cuatro directores protagonistas de la edición 2017 de Encuentros con el cine. No podremos tenerlo en el coloquio, debido a que reside en EEUU, pero sí podremos ver su último largometraje, People you may know, rodado en Los Ángeles y con el que ya ha empezado a sobresalir en certámenes como los estadounidenses Cinema Diverse de Palm Spring o qFLIX Philadelphia y más cerca, en LesGaiCineMad en Madrid. La proyección será la primera del miércoles 5 de julio. Desde las 18 horas, en el Espacio Guimerá, en Santa Cruz de Tenerife.

Juan Carlos Falcón nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1969. Debutó en 1995 con el cortometraje Mátame. Sus siguientes trabajos van ganando progresivamente notoriedad (y dimensión). En 1998, estrena Yo look tu look y en 1999, O me quieres, o me mato, que protagoniza Mariola Fuentes. Con La fuerza de la costumbre ganó en 2003 la primera edición del concurso Canarias Rueda.

El salto al largo le llega en 2004 con La caja, adaptación de la novela Nos dejaron el muerto, de Víctor Ramírez, que rueda en Canarias con actores como Ángela Molina, Vladimir Cruz o María Galiana. La película se estrena en sección oficial de la Seminci, la Semana de Cine de Valladolid y en su periplo por festivales consigue galardones como el de Mejor Ópera Prima en el Festival de Cine de Montreal, en Canadá, o los de mejor película en la Primavera Cinematográfica de Lorca y el Festival Internacional de Ibiza.

Con la notoriedad que alcanza La caja, JC Falcón comienza a emprender el salto nacional e internacional. Actualmente vive y trabaja en Los Ángeles (EEUU) donde rueda en 2015 el cortometraje Maintenance Required y trabaja en publicidad. Además, mantiene también trabajos en Madrid donde realiza ese mismo año el cortometraje Número 2: Si yo fuera Marilyncon el que obtiene 17 premios y cerca de 50 selecciones internacionales. People you may know es su segundo largometraje.

JC Falcón dirigiendo a uno de los actores en ‘People you may know’.

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Estrenamos cartel de la edición 2017

Vuelve Encuentros con el cine y regresa cambiando de nuevo de formato. Esta vez serán dos sesiones dobles, a celebrar los días 4 y 5 de julio. Cada una de ellas contará con un coloquio. Resumiendo: cuatro películas de estreno y dos coloquios de altura. El espacio también cambia. Nos mudamos al Espacio Guimerá, en la parte alta del teatro, donde dispondremos de unas mejores condiciones para el ciclo. La filosofía de fondo, eso sí, es la misma de siempre: estrenar en Santa Cruz de Tenerife películas del cine español reciente e independiente que no llegan a los cines de por aquí.

El menú de Encuentros con el cine 2017 se compone de Mimosas, del gallego Óliver Laxe, Premio de la Semana de la Crítica de Cannes; The Vanished Dream (Premio Richard Leacock en el Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria) y People may you know (Mejor Largometraje y Director en el Cinema Diverse de Palm Spring, en EEUU), de los grancanarios Juan S. Betancor y JC Falcón,  respectivamente; y Demonios tus ojos, del donostiarra Pedro Aguilera, seleccionado en Rotterdam y premios a mejor actor y actriz en la sección Zonazine del Festival de Cine de Málaga.

De momento, ahí va el cartel. Seguiremos informando…

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“Las películas sirven para intentar comprender la condición humana, no para juzgarla”

Encuentros con el cine estrenó en Canarias Callback, con la presencia de su director, Carles Torras, y dos meses antes de que llegue a las salas españolas.

Ganadora de la Biznaga de Oro a la Mejor Película y de las de Plata a mejor actor protagonista (Martín Bacigalupo) y mejor guion en el último Festival de Cine de Málaga, Callback llegaba a Encuentros con el cine para cerrar como broche de oro la temporada 2016. Tras la proyección, el crítico Manuel Díaz Noda moderó un interesantísimo coloquio sobre la que es una de las películas independientes del año en nuestro cine, tan atípica que es muy probable que pase desapercibida en la temporada de premios que se avecina.

Larry (Martín Bacigalupo) vive solo en un pequeño apartamento en Nueva York. Sobrevive trabajando como mozo de carga en una empresa de mudanza,  pero su sueño es ser actor. Su tiempo se reparte entre el trabajo, los infructuosos castings y la iglesia evangélica a la que acude regularmente. La llegada de Alexandra a su casa para pasar unos días hará que todo cambie de repente… Rodada en Nueva York y en inglés, con una producción casi ‘de guerrilla’ que no lo parece en absoluto, la película supone uno de los más brutales alegatos que hemos visto en el cine reciente contra ‘el sueño americano’. “Es el pilar de la sociedad americana. Todos creen en ello, lo escuchas permanentemente en mensajes políticos, publicitarios, en la televisión: ‘Cualquiera puede conseguir todo lo que se proponga si lucha y trabaja duro’. Y les sirve de excusa cuando ven a un tío tirado por la calle, que hay miles: ‘Si está así es porque se lo merece, porque no ha trabajado suficiente’. Eso convierte a la sociedad en tremendamente individualista”, comenta Carles al inicio del coloquio.

Un guion a cuatro manos

Partiendo de ese dogma, que deja al margen de la sociedad a muchísimas personas, Carles y Martin Bacigalupo -también coguionista- pensaron ‘¿Y si alguien que está perturbado se ha creído el mensaje y reclama su trocito de sueño, cree que tiene derecho a él?’. Ese fue el punto de partida de la película complementado con otra idea interesante que la historia no descubrirá hasta el final: Larry de Gecco es en realidad una identidad falsa que se ha creado un inmigrante latino para poder prosperar. “Estamos hablando de un personaje que vive aislado, que está completamente roto interiormente, perturbado, es un sociópata. Y quisimos reflejar cómo ese mensaje que se transmite en los EEUU puede  alimentar su desequilibrio y potenciar esa sociopatía”, explica el director barcelonés.

Carles nos cuenta cómo surgió la historia: “Yo estaba en Nueva York trabajando en un guion y un amigo común, que también es actor y que fue el protagonista de mi anterior película, Open24h, me dijo que lo llamara -a Martín-, que quedáramos. Un  día nos encontramos, tomamos una cerveza y nos hicimos amigos. Compartíamos una visión escéptica sobre la realidad de la ciudad. Él llevaba viviendo allí 8 años y yendo a castings”.

Esa visión compartida y la experiencia de Martín como actor en la ciudad, se acabó plasmando en la película en un Nueva York oscuro, de extrarradio, paralelo al icono cinematográfico que supone Manhattan, Central Park o sus rascacielos. “Nueva York es una ciudad fascinante si puedes permitirte vivir en Manhattan. Pero la gente normalmente se tiene que ir a vivir a barrios periféricos como Brooklyn, Queens… si no en un guetto. De ahí nació la idea, de ese lado cruel, durísimo, que tiene la ciudad”, comenta. “Con Martín empezamos creando el personaje y cuando teníamos la idea bastante clara yo estructuré la película, el argumento, y él escribía los diálogos porque además de que tiene mucho talento para los diálogos, domina el inglés a la perfección y eso era importante”, recuerda.

Una producción artesanal

Después llegó el momento de empezar a levantar la película: “A partir de ahí yo empecé a buscar localizaciones, lugares que reprodujeran este lado terrible pero cotidiano de la ciudad”, relata. Y las localizaciones acaban convirtiéndose también en centros de producción. “Fue importante encontrar la casa donde vive Larry. Era una casa de dos pisos que alquilé y fue donde vivíamos las 5 personas del equipo, además de la casa donde vive el personaje”, comenta. “La alquilé durante un mes y en ese tiempo rodamos todas las escenas de dentro de la casa y también exteriores. Luego fuimos a rodar en Barcelona toda la parte de la iglesia. No quise rodar toda la película de golpe -explica- porque al ser un equipo tan pequeño prefería tener tiempo para preparar bien todas las escenas. Hacíamos rodajes de dos semanas, tres semanas máximo, parábamos y preparábamos las siguientes dos semanas. Fue en Nueva York, luego en Barcelona y luego volvimos a  Nueva York dos semanas más. Fue como dividirlo en 3-4 partes, que es como hacer 3-4 rodajes de un corto o de un mediometraje”. Así se rodó Callback, con un equipo mínimo, pero con las ideas muy claras en cuanto a localizaciones, puesta en escena o trabajo con el actor protagonista, que “tenía clarísimo lo que tenía que hacer porque era coguionista”.

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A Martín Bacigalupo, auténtico eje de la narración, lo acompañan algunos actores secundarios desconocidos, lo que ayuda a esa sensación de naturalidad que transmite la película. Pero entre ellos, sí que hay dos caras que pueden sonar a algunos. Manuel Díaz Noda señala a Timotty Gibbs, que interpreta al pastor evangélico, un actor al que solemos ver en películas de acción. Y luego está el jefe de Larry, añade Carles, que interpreta Larry Fessenden, un actor de culto en el cine independiente americano de terror y que también es productor. “Teníamos poco presupuesto y yo quería contar con ellos dos. Les ofrecí que trabajaran reduciendo su caché y que luego, si la película generaba beneficios, pudieran cobrar algo más. Además, en Nueva York necesitábamos un poco de apoyo logístico y la productora de Larry nos echó una mano con localizaciones y con infraestructura. Por eso salen en los créditos como productores, porque han invertido parte de su esfuerzo y su tiempo en la película sin la remuneración que les correspondería”, aclara.

Y ahora que hablamos de productores, cómo se financió la película. “Básicamente la produje yo con la productora que tengo en Barcelona –Zabriskie Films-. Conseguimos un pequeño apoyo de TV3, aunque no tan pequeño siendo una televisión autonómica. Luego también tenemos subvención de la Generalitat y esperamos que el apoyo del ICAA también llegue, que llega dos años después de la película, con lo cual tienes que pedir el préstamo al banco, financiarla de alguna forma”, comenta para concluir que “todo en esta película se ha hecho de una forma muy artesanal, planificando bien, con muchas ganas y el talento de mucha gente que se ha involucrado. Porque encontrar a un actor protagonista como Martín, de esta solidez, no es fácil. A pesar de ser una película pequeña, tiene unas intenciones, unas ideas y un trabajo de todo el equipo que la convierten en un gran trabajo”.

Una película llena de rabia

La película, comenta un espectador en el coloquio, parece estar llena de rabia. ¿Hay algún tipo de desahogo personal? “Puede haber cosas del actor porque alguien que es actor, que vive en una ciudad como Nueva York, que va a muchos castings… obviamente cogimos muchas cosas de ahí. -contesta Carles- Pero sobre todo mi intención era hacer un retrato de la locura en la que muchas veces nos parece que está sumida la sociedad americana. Yo a veces hablo de que gran parte de la población americana vive en una especie de realidad paralela, una especie de burbuja que ahora, con la victoria de Trump, se ha demostrado mayoritaria. Entonces sí que por ahí hay cierto desahogo con esa visión sarcástica de la sociedad y un poco de venganza contra ciertos personajes con los que te cruzas y que tienen una determinada actitud con la que no comulgas”.

callback_still3“Hemos intentado elegir al personaje más patético, más loser, más ridículo y convertirlo en alguien peligroso, en un auténtico psicópata”, prosigue. Y empapar, además, toda la historia con ese individualismo extremo de la sociedad estadounidense que Carles señalaba desde el inicio del coloquio. Es una película sin esperanza y con muy poca ‘humanidad’, al menos en apariencia. Una espectadora le pregunta por ello al director: “Cuando Larry llama a la madre revelamos su verdadera entidad, quién es él. Y entendemos algo más, alguien que se fue de su país, no sabemos de cuál pero si de un país latinoamericano, que lo dejó muchos años atrás, que nunca volvió. Quizás la madre tampoco era una persona que está equilibrada… No se explica nada, pero quizás la madre podría ser una mujer que estaba mal de la cabeza, quizás él sufrió algún tipo de problemas o abusos en su infancia… No queremos entrar a analizar tampoco esas cosas, pero sí que el personaje, dentro de esa locura, tiene cierta humanidad. También hay cierta humanidad en ese lado un poco quijotesco, incluso romántico, ese sueño que él tiene y nunca va a realizar, esa sensación de desear algo que es imposible, que nunca puede conseguir”, responde.

Un punto de vista incómodo 

Hemos hablado de la historia y de la producción. Queda un tercer gran tema del que es necesario hablar: la forma de contarla, las decisiones de Carles como director. “La película está siempre en el punto de vista del personaje, desde el principio hasta el final, no hay ninguna escena donde él no esté presente. Esta era una norma que me puse. -señala- Otra, por ejemplo, es que no hubiera música más allá de la que suena dentro de la acción, que es la música de Il mondo o la de Tchaikovski en unos momentos puntuales. Otra norma por ejemplo era no mover la cámara si no había una necesidad para ello. Es como ponerse unas reglas, porque creo que el cine es un lenguaje y ese lenguaje tiene que ser coherente. No sirve el todo vale o hacer cosas sin una razón para ello. Para mí eso es fundamental”.

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Y estar en el punto de vista de alguien que, además, está perturbado tiene consecuencias directas para el espectador, pero también para Carles como director, al menos en determinadas escenas: “Cuando estamos en el punto de vista de un personaje así estás provocando incomodidad. Eso es premeditado. Me gusta que la película interpele al espectador, le remueva, le provoque emociones contradictorias y que tenga que plantearse lo que está viendo y hacerse preguntas. Pero claro, hay momentos en los que la brutalidad de lo que hace te obliga un poco a distanciarte porque no creo que sea ético o moralmente aceptable como cineasta recrearme en esa violencia”, comenta. Y es que en la forma de plasmar los dos estallidos de violencia, especialmente en el primero, está clara la intención del director: “Además no hay planos recursos. La escena se rodó así y punto. Yo tenía muy claro que tenía que ser con esa distancia, ese plano general, tanto por mantener la distancia  como porque quería reproducir cinematográficamente algo que pasa en la vida real: cuando sucede algo violento sucede de repente, de manera seca, brutal, sin casi darte tiempo a reaccionar”, explica. “Creo que cuando estás haciendo una película tienes que posicionarte de alguna forma con ese personaje y no emitir juicios. Si la película fuera un juicio creo que sería aburrida. Las películas sirven un poco para intentar comprender la condición humana, no para juzgarla. Si quisiera juzgar a la gente me hubiera hecho juez, no director de cine”, concluye.

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Y la distribución, siempre difícil

Callback llegó al Festival de Málaga sin hacer ruido y se marchó como la gran triunfadora. “Llegó como una película que nadie sabía lo que era ni de dónde había salido. Nosotros estábamos muy orgullosos de nuestro trabajo, pero cuando estas compitiendo contra grandes producciones producidas por Antena 3 o por TVE, con grandes actores y te presentas tú allí con tu película hecha en Nueva York, con un equipo de cinco personas, sin presupuesto, no piensas que te vayan a dar el premio gordo”, recuerda. “Tengo que estar muy agradecido al jurado por su valentía. Creo que ellos valoraron la propuesta que les pareció más excitante o que más les interesó, independientemente de otros criterios de producción, de presupuesto o de nombre y ha sido un espaldarazo importante para la película y para mi carrera como director, incluso para la carrera de los que hemos trabajado en la película, empezando por Martín”, reconoce.

Tras esa entrada triunfal, tocaba emprender un doble camino: la distribución por festivales y encontrar distribuidora para su estreno comercial. “Paradójicamente ganar el festival no nos abrió las puertas de la distribución. Creo que la distribución de cine en España es otra realidad paralela, que el público en general desconoce totalmente como funciona. Y creo que hay un problema también de asistencia a las salas que tenemos que admitir y que hace que los distribuidores se lo piensen mucho. Ven Callback y les entra como miedo. Es paradójico y resulta incomprensible que una película que gana un festival como Málaga no tenga más salida, pero es así”, comenta.

La película se estrenará comercialmente en España el 20 de enero. “Va a ser un estreno muy limitado, en cines de versión original, por lo que estamos hablando de Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla, Valencia… las ciudades que tienen cines dedicados a la versión original. Esperemos que dentro de ese circuito consiga hacer el recorrido, llegar al público que tiene que llegar y que la gente responda”, desea Carles. “Ha costado, pero al final hemos encontrado distribuidora, importante además, que ha creído en la película y además ha encontrado el hueco. El problema de Málaga es que las distribuidoras tenían sus películas en el festival y ganamos nosotros y de alguna forma somos competencia. También ha costado porque yo no estaba dispuesto a aceptar cualquier condición, exigía unas mínimas condiciones para que la película se distribuya dignamente”.

¿Y EEUU? Hay curiosidad de cómo puede recibirla el público estadounidense y así lo comenta una espectadora. “Esperamos que sea pronto. La película está teniendo un recorrido por festivales de todo el mundo muy importante. Se ha visto en Gran Bretaña, se ha visto en Francia, se ha visto en un montón de países. Ahora vamos a Argentina. Y estamos esperando algo de EEUU, porque es importante para entrar en el mercado americano que la película llegue a algún festival importante de los que se hacen allí tipo Sundance, Tribeca… estos son los más famosos pero hay muchos más. Intentaremos que sea en el mejor festival posible y después ayudan los premios, lo que pase con la película, las críticas que tenga allí… Pero se va a estrenar, por lo menos en Nueva York y en Los Ángeles, en las dos ciudades donde hay más cine independiente y quizás también en algunas otras. Pero esto lo estamos reservando hasta que la película entre en un festival”, comenta.

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“A lo mejor ya tengo un estilo y no lo sé; hago lo que me pide cada historia”

La cineasta grancanaria Alba González de Molina estrenó en Tenerife Julie, su debut en el largometraje de ficción.

14 de noviembre. Es lunes, un día atípico para Encuentros con el cine, pero la necesidad de compaginar las agendas de cineastas, películas y teatro obligan. Penúltima jornada del año del ciclo y última dedicada al cine de las Islas. Estrenar Julie en Tenerife, una de las producciones canarias con más recorrido de los últimos años, era un broche de oro perfecto. El crítico Jonay Armas fue el encargado de conducir el coloquio tras la proyección. Todo un lujo.

Julie (Marine Discazeaux) es una chica misteriosa, hermética. La vemos huir precipitadamente. No sabemos de qué o de quién. La vemos llegar por casualidad a un pueblo perdido, a una ecoaldea en medio del monte. La vemos adaptarse poco a poco a una nueva vida… Hasta que sus secretos salen a la luz. “Esta película va sobre una huida”, comenta Alba. “El personaje de Julie podía haberse ido a cualquier otro sitio, pero me parecía interesante meterlo en una burbuja que ella no hubiese elegido, que le hubiese venido dada. Me interesaba también cómo somos capaces de ser tan camaleónicos y adaptarnos a cualquier espacio”, relata la cineasta poniendo el acento enseguida en uno de los elementos que más llaman la atención de la película: la ecoaldea en la que se ambienta (y se rueda). Hay un interés, eso está claro, por hablar de otra forma de vida, aunque sea como escenario de fondo de la historia de Julie, pero también hay una intención de evitar la defensa panfletaria de ese modelo alternativa: “Te das cuenta de lo que es convivir en un espacio tan diminuto, una microsociedad y tan aislada: los que llevan más años piensan que tienen más derechos, los que llegan nuevos vienen con esa fuerza de querer hacerlo todo. Al final se repiten los mismos patrones de las sociedades gigantescas y capitalistas actuales”, reconoce. “No es que lo juzgue sino que intento ponerlo al mismo nivel, que lo observemos de la misma manera”.

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Matavenero, escenario y protagonista

Alba González de Molina codirigió hace unos años un documental Stop! Rodando el cambio. En él, se lanzaba a hacer un viaje desde Madrid a París buscando sistemas alternativos de sociedad. Fue así cómo conoció Matavenero, la ecoaldea del Bierzo (León) a la que vuelve para ambientar su debut en el largometraje de ficción. “Rodé allí porque me pareció un sitio muy inhóspito, con mucha mezcla, bastante anárquico. Aunque sea una comunidad con normas cada cual funciona un poco a su manera. Fui visitándolo y conociendo lo que realmente ocurría en ese espacio y fue cuando empecé a sacar esa idea de allá donde vayas los conflictos existen y al final repetimos patrones. Por mucho que queramos que no haya líder siempre hay un líder, en espacios como este también existe violencia, inconformismo… Uno de los personajes que me gustó crear, por ejemplo, es este chico que ha nacido allí, pero al que nadie le ha preguntado si es donde quiere estar”, explica.

Después, en el diálogo con los espectadores, Alba hablará de cómo convenció a los habitantes de Matavenero para hacer la película. “Me fui con Marine -Discazeaux, la actriz protagonista-. Casualmente cada cuatro meses hacen una asamblea general en el pueblo y coincidimos con una. Como me dio miedo de que me dijesen que no y yo estaba bastante obsesionada con que quería que fuese allí, les dije que se lo pensaran, que era su vida, que yo iba a seguir yendo y fui poco a poco ganándome su confianza”, relata. “Cuando terminé el guion lo dejé allí para que lo leyesen. Tuve que explicarles que aunque existiesen parecidos con la realidad no dejaba de ser una historia que había creado con mi cabeza, que era cine, mentira”, confiesa. “También tuve que quitarles muchos prejuicios porque han tenido problemas con los medios de comunicación que han ido y han sacado reportajes horribles de ellos”, recuerda Alba. Para cerrar el círculo – o la espiral, como le gusta decir a Alba- ella y Marine, proyector en mano, aprovecharán el estreno en Madrid para poner la película en el pueblo. “Habían hecho palomitas en ollas gigantes, habían cerrado una habitación que ponía Sala 1, habían puesto una pantalla enorme… Fue de los momentos en los que más nerviosa me he puesto porque al final toda esa gente había abierto las puerta de su casa y había aceptado un proyecto que quizás no les dejaba en buen lugar. Pero realmente ellos saben que no es una utopía, saben que también existen problemas. Siempre intento decir en público que es ficción, que no es un documental, que sus vidas son de otra manera, que no se relacione al personaje con la persona”, concluye.

Pero, ¿de dónde surge realmente la necesidad de hacer Julie, acercándose a este sistema de vida alternativo ahora desde la ficción? “Yo tenía tres palabras antes de empezar a escribir que eran maternidad, educación libertaria y embarazo. Eran tres conceptos que saqué de una conferencia de Carlos Taibo en la ULPGC. A raíz de ahí surgió un debate entre amigos. Conocía a la madre de una amiga, que ha estado muchos años vinculada con la educación convencional, que un día decidió dejarlo todo, interesarse por la metodología Waldorf y volver a estudiar. Y me llamó mucho la atención. Qué lleva a una señora de casi 50 años a dejar atrás todo lo que aprendido y empezar de cero”, recuerda Alba.

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Hay otro elemento esencial en el nacimiento de Julie: Marine Discazeaux, su protagonista. “Siendo sincera creo que le debo esta película mucho a ella”, confiesa Alba. Con ideas en la cabeza, pero aún sin guion, la directora fue al bar donde trabajaba la actriz, la vio, y como dicta el tópico, tuvo claro que ella tenía que ser la protagonista de su película. “Me dijo que sí, sin más, sin conocernos. Le di mi email apuntado en una libreta, ni mi número ni nada. Y a partir de ahí empezamos a quedar mucho, a hablar de cine… Llegó un momento en el que le dije ‘Me voy un mes y medio a Inglaterra, pero te prometo que cuando venga tengo una estructura de guion’. Y así lo hice. Para mí fue alguien a quien enseñarle los deberes. Fue una motivación y ella siempre creyó en mi. Y eso que no nos conocíamos”, reconoce Alba. “Luego ella aportó mucho, porque el personaje lo fuimos construyendo prácticamente a la par. Cuando volví y le enseñé la estructura de guion ella me dio sus opiniones y añadí muchas sutilezas gracias a ellas. Dirigirla fue más sencillo porque el personaje estaba casi hecho a su medida”, añade.

Un rodaje (también) alternativo

Luego vino cómo producir la película y desde un primer momento parecía claro que una historia así tenía que proponer también una forma alternativa de producción. “Quería dejarme de toda obligación de subvenciones, alejarme de sentirme presionada. Por qué no intentar hacer algo con ayuda de mucha gente que creyese en este proyecto y con los cuatro eurillos sacarlo adelante”, recuerda al hablar de una exitosa campaña de micromecenazgo que fue el primer espaldarazo para la producción de la película. “Lo que pasa es que a posteriori tuve la suerte de que gustó y tuvo un productor que añadió más dinero. Aun así la mayoría de la gente no cobró”, reconoce.

El crowdfunding fue para Julie la forma de dar el “primer empujón”. “Si no eres nadie no te van a echar una mano, está claro. En mi caso no tengo trayectoria por lo tanto tenía que hacerme valer, hacerme visible. Y empezamos moviendo redes, moviendo a mucha gente, generando ese interés. Yo llevé toda la campaña del crowdfunding, llevaba todas las redes sociales, junto con la actriz principal hacíamos los viajes para convencer a la gente del pueblo… Se convirtió en un trabajo muy duro”, cuenta. Ese imprescindible pluriempleo no acaba nunca en este tipo de proyectos. “Supongo que para la segunda película intentaré delegar más, pero también es verdad que cuando algo lo arrancas así de primeras con tanto esfuerzo y lo único que te empuja son las ganas de hacerlo puedes contagiar las ganas a la gente, pero para que se vuelquen tanto como tú es muy difícil”, confiesa.

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En el rodaje, necesariamente tenía que estar todo muy pensado, porque salir del pueblo era una odisea. “Durante el rodaje, por ejemplo, un vecino se encolerizó y nos echó un kilo de azúcar en el generador que usábamos para las tomas nocturnas. Teníamos dos generadores, por suerte, no sé quien pensó en el segundo. Nos salvó haber previsto que podría ocurrir algo con el generador. Aún así rodamos con el 80% de energía solar, tiramos de las casas de la gente”, recuerda al hablar del peculiar rodaje en Matavenero. “Luego teníamos lo que llamábamos ‘producción rural’, gente del pueblo que nos solucionaba todos los problemas, nos hacía la comida, nos daba alojamiento… Bajamos cuarenta y pico colchones por una tirolina que iba de la montaña al pueblo. Al final te hacías a la idea de que tenías que tirar con lo que había”, recuerda. Todo muy previsto, muy estudiado y con el espíritu de tener la suficiente flexibilidad para adaptarse día tras día a las circunstancias.

Pero, ¿de cuánto dinero hablamos? La película tuvo un presupuesto de 130.000 euros,  de los cuales se consiguieron 30.000 por crowdfunding. Después, un productor puso otros 100.000, pero a medida que la película iba necesitando nuevos desembolsos. Alba recuerda que el alquiler de material y su transporte desde Madrid se llevó gran parte del presupuesto en el rodaje, así como dar de alta en la Seguridad Social a todo el mundo. También se invirtió en posproducción y recientemente un poco en promoción y estrenos. “Conseguir el Capitol -la película se estrenó en Madrid en los Cines Capitol- es carísimo y eso que lo conseguimos llenar, fueron 1.300 personas. Es muy caro, pero te da una visibilidad… De repente sales en medios de comunicación, prensa, radios… Que haya tenido tanta cabida en los medios de comunicación una película tan pequeña ha hecho que se llenen salas, que poco a poco haya sonado, que la gente tenga interés, que nos escriba”, reconoce Alba.

Actores y no actores

Por un lado, está el trabajo con Marine, con quien la principal dificultad vino dada por su perfil también de creadora. “A veces le decía ‘Haz esto así’ y ella me decía ‘Eso es muy exagerado’, porque ella es muy minimalista”, recuerda Alba. “Es muy jodido hacer un personaje muy contenido. Ella me decía ‘Es que me has escrito un papel que no se luce’. Y claro, no es el personaje de Victoria (Silvia Maya), que puede explotar, que tiene sus picos, quedarte en ese término intermedio en el que dices un ‘No sé’ y es un ‘No sé’ de verdad, a nivel de acting cuesta mucho. Había cosas que le parecían exageradas. Pero le dio su toque y sin ella, Julie no hubiese sido así, eso lo tengo claro”, confiesa.

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Por otro, está el resto del reparto, mezcla de actores profesionales y de habitantes reales de Matavenero, de no actores. En esa mezcla, Alba hace autocrítica y reconoce que hay escenas en las que “canta mucho”, en la que se notan mucho las diferencias entre algunos actores y los que no lo eran. En el trabajo con los profesionales intentó huir, no siempre con éxito, de la interpretación más exagerada. “Yo siempre me he querido alejar de esta interpretación que tenemos aquí en España que parece que viene del doblaje, la gente habla de una forma extraña, grita. Creo que se pueden crear situaciones de conflicto y violentas sin gritar. A veces es mas potente un silencio, entre dientes, algo que no se dice”, opina.

Con los vecinos del pueblo la clave fue la improvisación, sobre todo en las escenas de las asambleas. “Como trabajaba con actores no profesionales tampoco quería ceñirme a un guion. Se marcaba un inicio, un conflicto y un desenlace, pero todo el cuerpo que hay en medio quería que lo pusieran ellos. Me parecía hipócrita hablar como si yo hubiese vivido en una ecoaldea durante 27 años. Creo que era más sencillo y tenía mucha más verdad lo que pudiera decirme una persona de allí. Quería intentar evitar caer en el cliché y es difícil cuando tocas estos temas. Tampoco quería que fuese panfletario. Quería desnudar las palabras, que no se dijese ‘socialismo’, ‘comunismo’ o ‘capitalismo'”, confiesa.

Estilo(s)

Un espectador pone el acento en su intervención sobre el uso en la película de distintos estilos cinematográficos. Alba lo tiene claro: “Estuve haciendo el guion técnico durante siete meses. Lo tenía todo muy estudiado… Hasta que llegas al rodaje y te das cuenta de que te cortan la mitad de la secuencia y de que tienes que apañarte con lo que tienes. Tú quieres una cosa y no se consigue por el motivo que sea. A veces es porque falla el guion o porque la interpretación no da la talla o porque no hay manera de que el director de fotografía haga el plano como tú quieres”, reconoce. “Aun así siempre intenté mantener una distancia cercana, como que me alejo del personaje pero siempre estoy ahí, a veces asfixiante en la nuca y otras veces más lejos. Tamcién jugué mucho como intento narrativo con lo que no se dice, con que cada uno se construya su historia, porque creo que así es la realidad. Y luego subrayé detalles que me parecían simbólicos como las muñecas rusas, la relación que tiene Julie con los niños a diferencia de la que tiene con los adultos o esa canción francesa que canta al principio con la niña y luego a su hijo”, comenta.

“Ahora he hecho un cortometraje que no es un guion mio y me di cuenta de que en parte repetía ciertos patrones”, prosigue hablando de estilos y lenguaje cinematográficos. “A lo mejor ya tengo un estilo y no lo sé porque hago lo que me pide cada secuencia, cada historia. Mucha gente me pregunta quién es mi director favorito. Pues no tengo. Me gustan películas sueltas, no personas. Me gustan temas sueltos de música, no músicos”, sentencia.

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Los ‘encuentros’ de noviembre, en imágenes

Encuentros con el cine finalizaba su tercera temporada con una doble sesión centrada en la identidad como elemento común de dos películas muy diferentes que se estrenaban en la Isla. Aquí, el resumen en imágenes. Las fotos son, una vez más, de Laura Swing.

La primera cita, el lunes 14 de noviembre, estuvo protagonizada por Julie, el debut de la grancanaria Alba González de Molina. El coloquio posterior a la proyección estuvo moderado por el crítico Jonay Armas.

La cita nacional de noviembre, el día 15, estuvo protagonizada por Callback, tercer largometraje en solitario de Carles Torras. El coloquio posterior a la proyección estuvo moderado por el crítico Manuel Díaz Noda, que ha estado presente en todas las temporadas de Encuentros con el cine.

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‘Callback’. El patio trasero del sueño americano

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Tras títulos como Joves o Trash, el cineasta Carles Torras continúa con Callback su radiografía de la sociedad moderna y de la incapacidad de sus personajes por encajar en los patrones marcados por ésta. Aquí su puesta en escena evita cualquier efectismo, manteniendo una mirada pulcra y distante, casi documentalista, sin juzgar a sus personajes, pero sí retratando la dureza del entorno. La planificación es pausada, basada en planos largos y muchas veces estáticos, casi voyerística, situando al espectador en una posición moral no muy alejada de su protagonista. La cinta supone un reto continuo, áspero y crudo, sin condescendencias, pero sí evitando el morbo o el regodeo perverso de las acciones de su personaje principal. No estamos ante el Nueva York glamuroso que nos ha trasmitido siempre el cine, ni encontramos esos parajes icónicos de la ciudad. La historia está ambientada en los lugares vulgares, las calles cotidianas y modestas, donde no existe esa épica del cine. En esta búsqueda del realismo, el cineasta impone los silencios, sin partitura original y empleando de manera esporádica alguna canción, con Il Mondo de Jimmy Fontana como plato principal.

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Pero si hay algo que verdaderamente destaca y glorifica a la película es su cuidada descripción de su personaje principal. Con Callback, el título de la cinta parece referirse a esa llamada hacia la grandeza que nunca llega al protagonista, pero también es un término que se suele utilizar para referirse a aquellos productos que son devueltos por algún defecto en origen y, sin duda, Larry De Cecco es material defectuoso. Sin habilidades sociales, constantemente rechazado en sus intentos de ser actor, atrapado en un trabajo que detesta y dependiente de los sermones de un falso predicador, nuestro protagonista vive un auténtico vacío existencial. La vida en Nueva York le engulle y le escupe, generando en su interior una creciente frustración. Larry es actor y ha creado su propio papel para intentar ser alguien que no es, o simplemente para ser alguien. Simula ser un ente social, pero cuando su alienación queda en evidencia, esa frustración y ese rencor se vuelven odio y violencia acumulada en su interior. Larry es un producto defectuoso con una cuenta atrás, a punto de explotar, siempre a la espera de esa llamada que le reafirme, pero que nunca llega. En la creación de este personaje en la gran pantalla es fundamental la labor del actor y coguionista, Martin Bacigalupo. El intérprete aporta a Larry De Cecco todo su bagaje como actor en un país extranjero intentado salir adelante en su profesión y también toda la frustración que ello conlleva; pero además, hay una extraordinaria labor introspectiva, construyendo un personaje hierático, silencioso, cuya inexpresividad se convierte de la mano de Bacigalupo en una puerta hacia el mundo interior del protagonista.

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Esta provocadora apuesta cinematográfica que supone Callback ha sido reconocida en su paso por diferentes festivales. En la pasada edición del Festival de Málaga se alzó con la Biznaga de oro a la mejor película y las de plata al mejor actor y al mejor guion, además consiguió el Premio del Jurado en el Brussels Film Festival. A esto se suman selecciones en el Festival de Cine de San Sebastián, el BFI London Film Festival o el Festival Cinespaña de Toulouse. Ahora llega el turno de poder ver esta película en Tenerife de la mano de los Encuentros con el Cine organizados por Digital 104, una oportunidad de oro para seguir acercándonos a un tipo de cine de autor minoritario, desafiante y de calidad.  

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